# El niño Samuel

_Retold by Talerie (talerie.com) from Biblia Reina-Valera 1909_ · 8 min read · ages 6+

Ana, que no tiene hijos, le promete a Dios que le entregará el hijo que le pida, y cuando Samuel deja de mamar lo lleva a Siló y lo deja al servicio de Elí. Una noche Dios llama a Samuel y le anuncia el castigo de la casa de Elí; Samuel se lo cuenta a Elí, y todo Israel sabe que Samuel es un verdadero profeta de Dios.

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En Ramá, en la montaña de Efraín, vivía un hombre llamado Elcaná. Tenía dos esposas, Ana y Peniná. Peniná tenía hijos e hijas; Ana no tenía ninguno.

Cada año Elcaná subía con su familia a Siló para adorar a Dios y ofrecerle sacrificios. Allí eran sacerdotes Jofní y Pinjás, los dos hijos del viejo Elí. En el sacrificio, Elcaná les daba a Peniná y a sus hijos su parte, y a Ana la mejor de todas, porque la quería mucho.

Pero Peniná se burlaba de Ana porque no tenía hijos. Así pasaba año tras año, hasta que Ana se ponía a llorar y no quería comer.

—Ana, ¿por qué lloras? —le dijo un día su marido—. ¿Por qué no comes? ¿Por qué estás tan triste? ¿No valgo yo para ti más que diez hijos?

Después de una de esas comidas en Siló, Ana fue al santuario, donde el sacerdote Elí estaba sentado junto a la entrada. Llena de amargura, lloró mucho y le hizo a Dios una promesa:

—Dios mío, si miras mi tristeza, si te acuerdas de mí y no te olvidas de tu sierva, si me das un hijo varón, yo te lo entregaré para toda su vida, y nunca pasará una navaja por su cabeza.

Siguió rezando largo rato en su corazón: movía los labios, pero no se le oía la voz. Elí, que la observaba, creyó que estaba borracha.

—¿Hasta cuándo va a seguir borracha? —le dijo—. Deje ya el vino.

—No, señor —respondió Ana—. No he tomado vino. Soy una mujer muy afligida, y le estaba contando a Dios mi pena. No me tome por una mala mujer.

—Váyase en paz —le dijo Elí—, y que el Dios de Israel le conceda lo que le pidió.

—Ojalá siempre me mire usted con bondad, señor —contestó ella.

Ana se fue, comió, y ya no tenía la cara triste. La familia regresó a Ramá, Dios se acordó de Ana, y al cabo de un tiempo ella tuvo un hijo. Le puso por nombre Samuel, porque decía: «Se lo pedí a Dios».

Al año siguiente, cuando Elcaná subió a Siló, Ana se quedó en casa.

—No subiré hasta que el niño deje de mamar —le dijo a su marido—. Entonces lo llevaré para presentarlo ante Dios, y se quedará allá para siempre.

—Haz lo que te parezca mejor —le respondió Elcaná—. Quédate hasta que lo destetes, y que Dios cumpla su palabra.

Cuando lo destetó, Ana lo llevó a Siló con tres becerros, harina y vino. El niño era todavía muy pequeño. Ofrecieron un becerro en sacrificio y llevaron al niño ante Elí.

—Perdone, señor —dijo Ana—. Yo soy aquella mujer que estuvo aquí, a su lado, rezando a Dios. Por este niño oraba, y Dios me dio lo que le pedí. Ahora yo se lo devuelvo a Dios: mientras viva, será de Dios.

Y allí mismo Ana oró y cantó:

Mi corazón canta de gozo,  
nadie es santo como Dios.  
Que callen los orgullosos:  
él pesa cada acción.  
Dios da la muerte y la vida,  
él humilla y él da honor.  
Rompió el arco del valiente  
y al débil le dio vigor;  
el rico trabajó por pan  
y el hambriento descansó;  
la estéril tuvo siete hijos,  
la de muchos enfermó;  
levantó del polvo al pobre  
y entre príncipes lo sentó.

Después Elcaná volvió a su casa en Ramá, y el niño se quedó en Siló, sirviendo a Dios al lado del sacerdote Elí.

Pero los hijos de Elí eran hombres malos, que no respetaban a Dios. Mientras se cocía la carne de un sacrificio, llegaba el criado de los sacerdotes con un tenedor de tres dientes, lo metía en la olla, y todo lo que sacaba se lo quedaban ellos.

A veces llegaba aun antes de que quemaran la grasa en el altar, y si el que ofrecía el sacrificio le pedía que esperara, el criado le decía:

—Dame la carne cruda ahora mismo. Si no, me la llevo a la fuerza.

El pecado de aquellos sacerdotes era muy grande delante de Dios, porque por su culpa la gente despreciaba las ofrendas.

Mientras tanto, el pequeño Samuel servía a Dios vestido con un efod de lino, que es un mandil de sacerdote. Cada año su madre le hacía una tuniquita y se la llevaba cuando subía con su marido al sacrificio. Y Elí bendecía a Elcaná:

—Que Dios te dé más hijos de esta mujer, a cambio del niño que ella le entregó a Dios.

Dios bendijo a Ana, y ella tuvo tres hijos y dos hijas más. Y Samuel crecía en el santuario.

Elí ya era muy viejo. Se enteró de todo lo que sus hijos les hacían a los israelitas, y también de que se acostaban con las mujeres que servían a la entrada del santuario. Entonces les dijo:

—¿Por qué hacen esas cosas? Todo el pueblo me cuenta lo mal que se portan. No, hijos míos: si alguien peca contra Dios, ¿quién va a interceder por él?

Ellos no le hicieron caso a su padre, y Elí, aparte de regañarlos, no hizo nada para detenerlos. Dios ya había decidido que morirían. Samuel, en cambio, seguía creciendo, y Dios y la gente lo querían cada vez más.

Un día llegó a ver a Elí un hombre de Dios y le dijo:

—Así dice Dios: «¿Por qué honras a tus hijos más que a mí, y dejas que engorden con lo mejor de las ofrendas? Yo honro a los que me honran. Vienen días en que nadie de tu casa llegará a viejo. Esta será la señal: tus dos hijos, Jofní y Pinjás, morirán el mismo día. Y yo escogeré para mí un sacerdote fiel».

En aquellos días Dios rara vez le hablaba a la gente. Una noche, Elí, que ya casi no veía, estaba acostado en su cuarto. Samuel dormía en el santuario, cerca del arca de Dios, guardada en la oscuridad detrás de la cortina, y la lámpara de Dios todavía ardía.

Entonces Dios llamó a Samuel.

—Aquí estoy —respondió el muchacho.

Corrió adonde estaba Elí y le dijo:

—Aquí estoy. Usted me llamó.

—Yo no te llamé —le dijo Elí—. Vuelve a acostarte.

Samuel fue y se acostó. Dios volvió a llamarlo, y él se levantó, fue con Elí y le dijo:

—Aquí estoy. Usted me llamó.

—Yo no te llamé, hijo mío. Vuelve a acostarte.

Samuel todavía no conocía a Dios; Dios nunca le había hablado.

Por tercera vez Dios llamó a Samuel, y él se levantó, fue con Elí y le dijo:

—Aquí estoy. Usted me llamó.

Entonces Elí comprendió que era Dios quien llamaba al muchacho.

—Ve y acuéstate —le dijo—. Si te vuelve a llamar, dile: «Habla, que tu siervo escucha».

Samuel fue y se acostó en su lugar. Y Dios llamó como las otras veces:

—¡Samuel, Samuel!

—Habla, que tu siervo escucha —respondió Samuel.

Y Dios le dijo:

—Voy a hacer en Israel algo que les hará zumbar los oídos a todos los que lo oigan. Ese día cumpliré contra Elí todo lo que anuncié sobre su familia. Juzgaré a su casa para siempre, porque él sabía lo que hacían sus hijos y no los detuvo, y su culpa no se borrará nunca, ni con sacrificios ni con ofrendas.

Samuel se quedó acostado hasta la mañana y luego abrió las puertas de la casa de Dios. Tenía miedo de contarle a Elí lo que había oído. Pero Elí lo llamó:

—Samuel, hijo mío.

—Aquí estoy.

—¿Qué te dijo Dios? No me escondas nada, te lo ruego. Que Dios te castigue si me ocultas una sola palabra.

Entonces Samuel se lo contó todo, sin ocultarle nada. Y Elí dijo:

—Es Dios. Que haga lo que le parezca bien.

Samuel creció, y Dios estaba con él y no dejó que ninguna de las palabras de Samuel quedara sin cumplirse. Todo Israel, desde Dan hasta Berseba, supo que Samuel era un verdadero profeta de Dios.

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## About this tale

El niño Samuel es una historia bíblica, no un cuento tradicional: ocupa los tres primeros capítulos del primer libro de Samuel. Ese libro debe su título a Samuel, pero no nombra a su autor ni da fecha alguna. Para nuestro relato partimos de la Biblia Reina-Valera 1909.

Seguimos los tres capítulos en orden, con un español de hoy, y paramos donde acaba el tercero. Allí donde la Reina-Valera escribe «Jehová», en nuestro relato se lee siempre Dios. Ofrecemos dos versiones propias: la «Más suave» acorta el canto de Ana y el discurso del hombre de Dios, y la «Original» los conserva enteros.

> Habla, que tu siervo escucha
>
> 1 Samuel 3:10, Reina-Valera 1909: Entonces Samuel dijo: Habla, que tu siervo oye.

### La Reina-Valera 1909 y nuestras dos versiones

|  | Reina-Valera 1909 | Nuestro relato |
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| Los nombres | Anna, Eli, Ophni y Phinees, Silo | Ana, Elí, Jofní y Pinjás, Siló |
| El nombre de Dios | sobre todo Jehová | Dios en todo el relato |
| La parte de Ana | «una parte escogida» | «la mejor de todas»; en la «Original», «escogida» |
| Al oír la llamada | «Heme aquí» | «Aquí estoy» |
| El consejo de Elí | «Habla, Jehová, que tu siervo oye» | «Habla, que tu siervo escucha» |
| La oración de Ana | «Anna oró y dijo», diez versículos | un canto, breve en la «Más suave» |
| Samuel al final | «fiel profeta de Jehová» | «un verdadero profeta de Dios» |

### Cómo lo contamos

Ana sufre porque no tiene hijos y Peniná se burla de ella año tras año. En Siló, Ana promete a Dios que, si le da un hijo varón, se lo entregará para toda la vida y nunca pasará una navaja por su cabeza. Sigue rezando largo rato moviendo solo los labios, y por eso Elí cree que está borracha. Al nacer el niño, Ana le pone por nombre Samuel, porque se lo pidió a Dios. Cuando lo desteta, lo lleva a Siló con tres becerros, harina y vino. Allí Samuel se queda sirviendo al lado de Elí, mientras los hijos del sacerdote se apoderan de la carne de los sacrificios, incluso a la fuerza. Una noche Dios llama a Samuel cuatro veces; las tres primeras, el muchacho corre adonde está Elí, porque todavía no conoce a Dios. La cortina y la oscuridad junto al arca son detalles nuestros: la Reina-Valera solo dice que Samuel dormía en el templo, donde estaba el arca de Dios.

Hay dos cosas que quizá quieras saber antes de leerlo en familia: el hombre de Dios anuncia que los dos hijos de Elí morirán el mismo día, y las dos versiones cuentan que esos hijos se acostaban con las mujeres que servían a la entrada del santuario. Esas muertes solo se anuncian: nuestro relato termina antes, con Samuel ya crecido y reconocido como profeta en todo Israel.

### Lo que sigue en el libro y la edad de Samuel

Jofní y Pinjás, los hijos de Elí, mueren en el capítulo 4, como había anunciado el hombre de Dios, pero ese capítulo ya no lo contamos. Más adelante, en el mismo libro, Samuel unge a Saúl y a David; a David, con «el cuerno del aceite». La historia de «David y Goliat», otro de nuestros relatos, sale del capítulo 17 de ese mismo libro.

Nuestro título habla de un niño, pero la Biblia no dice qué edad tenía Samuel. La Reina-Valera lo llama unas veces «el niño» y otras «el joven Samuel». De la edad de Elí, en estos tres capítulos solo dice que «era muy viejo».

Sources (claims checked against them on 2026-11-04):
- Libro I de Samuel, Biblia Reina-Valera 1909, caps. 1–3; también 4:11, 10:1 y 16:13, Wikisource [our source] (https://es.wikisource.org/wiki/Biblia_Reina-Valera_1909/1_Samuel)
- Wikidata Q6577515 (https://www.wikidata.org/wiki/Q6577515)

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- Characters: Elí, Ana, Elcaná
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- Subject (Wikidata): https://www.wikidata.org/wiki/Q6577515
- Source: Biblia Reina-Valera, revisión de 1909: 1 Samuel 1–3 (https://es.wikisource.org/wiki/Biblia_Reina-Valera_1909/1_Samuel)
- Public-domain basis: Talerie contemporary retelling (CC0 2026), based on: Biblia Reina-Valera, revisión de 1909: 1 Samuel 1–3 — EU anonymous-work rule (+70 passed); translator Casiodoro de Reina died 1594, reviser Cipriano de Valera died ≤1625 (+70 passed); revision published anonymously 1909 (+70 passed)
- License: CC0-1.0 (https://creativecommons.org/publicdomain/zero/1.0/)
