# Hermanito y hermanita

_Retold by Talerie (talerie.com) from Kinder- und Hausmärchen, after Brothers Grimm_ · 13 min read · ages 8+

La madrastra, una bruja, hechiza los manantiales; el hermanito bebe y se vuelve cervatillo, y un rey se casa con la hermanita. La bruja mata a la reina, que vuelve de noche a cuidar al niño y al cervatillo; el rey la reconoce, ella revive, la bruja muere en el fuego y el cervatillo recobra su forma humana.

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Había una vez un hermanito y una hermanita. Un día, el hermanito tomó a su hermana de la mano y le dijo:

—Desde que murió mamá no hemos tenido un solo rato feliz. La madrastra nos pega todos los días, y cuando nos acercamos a ella nos aparta a patadas. A nosotros nos tocan las orillas duras del pan que sobran, y al perrito que está debajo de la mesa le va mejor, porque a él, de vez en cuando, ella le avienta un buen bocado. ¡Ay, Dios mío, si mamá lo supiera! Ven, vámonos juntos a recorrer el mundo.

Caminaron todo el día por prados, campos y pedregales, y cuando llovía, la hermanita decía:

—Dios y nuestros corazones lloran juntos.

Al anochecer llegaron a un bosque grande. Estaban tan cansados de tanta pena, de tanta hambre y de tanto camino, que se metieron en el hueco de un árbol y se quedaron dormidos.

A la mañana siguiente, cuando despertaron, el sol ya estaba alto en el cielo y calentaba fuerte dentro del árbol. Entonces el hermanito dijo:

—Hermanita, tengo sed. Si supiera dónde hay un manantial, iría a beber. Me parece que oigo uno por aquí cerca.

Se levantó, tomó a la hermanita de la mano y se fueron a buscar el manantial. Pero la malvada madrastra era bruja. Había visto muy bien cómo se iban los dos niños, los había seguido a escondidas, con el sigilo de las brujas, y había echado una maldición sobre todos los manantiales del bosque.

Al poco rato encontraron un manantial que corría brillante entre las piedras, y el hermanito quiso beber. Pero la hermanita oyó que el agua, al correr, decía:

El que beba de mí se volverá tigre,  
el que beba de mí se volverá tigre.

La hermanita gritó:

—¡Hermanito, te lo ruego, no bebas! Si bebes, te volverás una fiera y me harás pedazos.

El hermanito no bebió, aunque tenía muchísima sed, y dijo:

—Voy a esperar al siguiente manantial.

Cuando llegaron al segundo, la hermanita oyó que también este decía:

El que beba de mí se volverá lobo,  
el que beba de mí se volverá lobo.

Ella volvió a gritar:

—¡Hermanito, te lo ruego, no bebas! Si bebes, te volverás lobo y me comerás.

El hermanito no bebió y dijo:

—Voy a esperar hasta que lleguemos al siguiente manantial, pero ahí sí voy a beber, digas lo que digas. Tengo demasiada sed.

Y cuando llegaron al tercer manantial, la hermanita oyó que el agua decía al correr:

El que beba de mí se volverá cervatillo,  
el que beba de mí se volverá cervatillo.

—¡Ay, hermanito, te lo ruego, no bebas! —dijo la hermanita—. Si bebes, te volverás cervatillo y te irás corriendo lejos de mí.

Pero el hermanito ya se había arrodillado junto al manantial, se había inclinado y había bebido del agua. En cuanto las primeras gotas le tocaron los labios, quedó tendido en el suelo, convertido en un cervatillo.

La hermanita lloró por su pobre hermano hechizado, y el cervatillo también lloraba, echado muy triste a su lado. Por fin la niña le dijo:

—Ya no llores, cervatillo querido. Yo nunca te voy a abandonar.

Luego se quitó la liga de oro y se la puso al cervatillo alrededor del cuello; arrancó juncos y con ellos trenzó una cuerda suave. Lo amarró con ella y se lo llevó, y siguieron caminando cada vez más adentro del bosque. Después de caminar mucho, mucho tiempo, llegaron por fin a una casita. La niña se asomó y, como estaba vacía, pensó: «Aquí podemos quedarnos a vivir».

Le juntó al cervatillo hojas y musgo para hacerle una cama blanda. Cada mañana salía a recoger raíces, moras y nueces para ella, y para él traía hierba tierna. El cervatillo se la comía de la mano, muy contento, y luego brincaba y jugaba a su alrededor. En la noche, cuando la hermanita estaba cansada y ya había rezado, recostaba la cabeza sobre el lomo del cervatillo. Esa era su almohada, y en ella se dormía tranquila. Si el hermanito hubiera tenido su forma humana, habría sido una vida maravillosa.

Así vivieron un tiempo, solos en aquel lugar apartado. Pero un día el rey del país organizó una gran cacería en el bosque. Entre los árboles resonaban los cuernos de caza, los ladridos de los perros y los gritos alegres de los cazadores, y el cervatillo lo oía y se moría de ganas de estar allí.

—Ay, hermanita —le dijo—, déjame salir a la cacería. Ya no lo aguanto.

Y le rogó tanto que ella acabó por decir que sí.

—Pero vuelve en la noche —le dijo—. A esos cazadores tan bravos no les abro mi puertita. Y para que yo sepa que eres tú, toca y di: «Hermanita mía, déjame entrar». Si no dices eso, no te abro.

El cervatillo salió de un brinco, feliz de estar al aire libre. El rey y sus cazadores vieron al hermoso animal y lo persiguieron, pero no pudieron alcanzarlo; cada vez que creían que ya lo tenían, saltaba por encima de los matorrales y desaparecía. Cuando oscureció, el cervatillo corrió a la casita, tocó y dijo:

—Hermanita mía, déjame entrar.

La hermanita le abrió la puertita, y él entró de un salto y descansó toda la noche en su cama blanda.

A la mañana siguiente la cacería empezó de nuevo, y cuando el cervatillo volvió a oír el cuerno y el ¡ho, ho! de los cazadores, no pudo estarse quieto y dijo:

—Hermanita, ábreme, tengo que salir.

La hermanita le abrió la puerta y le dijo:

—Pero en la noche tienes que estar de vuelta y decir lo que te enseñé.

Cuando el rey y sus cazadores vieron otra vez al cervatillo del collar de oro, todos se fueron tras él, pero era demasiado rápido y ágil para ellos. Así pasó todo el día. Por fin, al atardecer, los cazadores lo rodearon, y uno de ellos lo hirió un poco en una pata, de modo que tuvo que irse cojeando, despacio.

Un cazador lo siguió a escondidas hasta la casita y oyó cómo decía:

—Hermanita mía, déjame entrar.

Vio también que le abrían la puerta y que enseguida la volvían a cerrar. El cazador se lo grabó bien en la memoria; fue a ver al rey y le contó lo que había visto y oído. Entonces el rey dijo:

—Mañana saldremos a cazar otra vez.

La hermanita se asustó muchísimo cuando vio que su cervatillo estaba herido. Le lavó la sangre, le puso hierbas en la herida y le dijo:

—Ve a acostarte en tu cama, cervatillo querido, para que te cures.

Pero la herida era tan pequeña que a la mañana siguiente el cervatillo ya no sentía nada. Y cuando volvió a oír afuera el alboroto de la cacería, dijo:

—No lo aguanto, tengo que estar ahí. No me van a atrapar tan fácilmente.

Ella se puso a llorar y dijo:

—Ahora sí te van a matar, y yo me quedaré aquí sola en el bosque, sin nadie en el mundo. No te dejo salir.

—Entonces me voy a morir aquí de tristeza —contestó el cervatillo—. Cuando oigo el cuerno de caza, siento que el corazón se me sale del pecho.

La hermanita no pudo hacer otra cosa y, muy a su pesar, le abrió la puerta. El cervatillo salió brincando al bosque, sano y contento. Cuando el rey lo vio, les dijo a sus cazadores:

—Síganlo todo el día, hasta la noche, pero que nadie le haga daño.

En cuanto se puso el sol, el rey le dijo al cazador:

—Ahora ven y enséñame la casita del bosque.

Al llegar frente a la puertita, el rey tocó y dijo:

—Hermanita mía, déjame entrar.

La puerta se abrió, el rey entró, y ahí estaba una muchacha más hermosa que ninguna que él hubiera visto. Ella se asustó al ver que no entraba su cervatillo, sino un hombre con una corona de oro en la cabeza. Pero el rey la miró con cariño, le tendió la mano y le dijo:

—¿Quieres venir conmigo a mi castillo y ser mi querida esposa?

—Ay, sí, Majestad —contestó la muchacha—, pero el cervatillo tiene que venir también. A él no lo abandono.

—Se quedará contigo mientras vivas —dijo el rey—, y no le faltará nada.

En ese momento el cervatillo entró de un brinco. La hermanita volvió a amarrarlo con la cuerda de juncos, la tomó ella misma en la mano y salió con él de la casita del bosque.

El rey subió a la hermosa muchacha a su caballo y la llevó a su castillo, donde la boda se celebró con gran esplendor. Ahora ella era la reina, y vivieron felices juntos mucho tiempo. Al cervatillo lo cuidaban y lo consentían, y él brincaba por el jardín del castillo.

Pero la malvada madrastra, por cuya culpa los niños se habían ido por el mundo, creía que a la hermanita la habían despedazado las fieras del bosque y que al hermanito, convertido en cervatillo, lo habían matado los cazadores de un tiro. Cuando se enteró de lo felices que eran y de lo bien que les iba, la envidia y el rencor se le despertaron en el corazón y no la dejaban en paz. Ya no pensaba en otra cosa más que en cómo hacerles daño a los dos.

Su propia hija, que era fea como la noche y tenía un solo ojo, le reclamaba:

—¡Esa suerte me tocaba a mí! La reina tenía que ser yo.

—Tú no te preocupes —le dijo la vieja para calmarla—. Cuando llegue el momento, ahí voy a estar.

Y el momento llegó. La reina dio a luz un niño precioso mientras el rey andaba de cacería. Entonces la vieja bruja tomó la forma de la camarera, entró en el cuarto donde estaba acostada la reina y le dijo a la enferma:

—Venga, Majestad, el baño ya está listo. Le hará bien y le dará nuevas fuerzas. Rápido, antes de que se enfríe.

La hija tuerta también estaba ahí. Entre las dos cargaron a la reina, que estaba muy débil, la llevaron a la casa de baños y la metieron en la tina. Luego cerraron la puerta con llave y se fueron corriendo. En la casa de baños habían prendido un fuego infernal, tan fuerte que la joven y hermosa reina no tardó en morir asfixiada.

Hecho esto, la vieja tomó a su hija, le puso una cofia y la acostó en la cama, en el lugar de la reina. Le dio también la figura y la cara de la reina; solo el ojo que le faltaba no se lo pudo devolver. Para que el rey no se diera cuenta, la hija tuvo que acostarse sobre el lado en que no tenía ojo.

En la noche, cuando el rey volvió y supo que le había nacido un hijo, se alegró de todo corazón y quiso ir a la cama de su querida esposa para ver cómo estaba. Pero la vieja gritó enseguida:

—¡Por lo que más quiera, Majestad, no abra las cortinas! La reina todavía no debe ver la luz y necesita descansar.

El rey se retiró, y no supo que en la cama estaba acostada una reina falsa.

Pero a medianoche, cuando todos dormían, la niñera, que estaba sentada junto a la cuna en el cuarto del niño y era la única que seguía despierta, vio que la puerta se abría y entraba la verdadera reina, que sacó al niño de la cuna, lo tomó en brazos y le dio de comer. Luego le sacudió la almohadita, lo volvió a acostar y lo tapó con su cobijita. Tampoco se olvidó del cervatillo: fue al rincón donde estaba echado y le acarició el lomo. Después salió por la puerta sin decir palabra.

A la mañana siguiente la niñera les preguntó a los guardias si alguien había entrado al castillo durante la noche, pero ellos contestaron:

—No, no vimos a nadie.

Así siguió viniendo la reina muchas noches, sin decir nunca nada. La niñera la veía siempre, pero no se atrevía a contárselo a nadie.

Al cabo de un tiempo, una noche la reina empezó a hablar y dijo:

¿Cómo está mi niño, mi cervatillo cómo está?  
Dos veces más vendré, y después nunca más.

La niñera no le contestó, pero en cuanto la reina desapareció, fue a ver al rey y le contó todo.

—¡Ay, Dios mío! ¿Qué es esto? —dijo el rey—. Mañana en la noche voy a velar yo junto al niño.

Al anochecer fue al cuarto del niño, y a medianoche la reina volvió a aparecer y dijo:

¿Cómo está mi niño, mi cervatillo cómo está?  
Una vez más vendré, y después nunca más.

Luego cuidó al niño como de costumbre y desapareció. El rey no se atrevió a hablarle, pero también veló la noche siguiente. Ella dijo otra vez:

¿Cómo está mi niño, mi cervatillo cómo está?  
Vengo solo esta vez, y después nunca más.

Entonces el rey ya no pudo contenerse, se acercó a ella de un salto y le dijo:

—Tú no puedes ser otra más que mi querida esposa.

—Sí, soy tu querida esposa —respondió ella.

En ese mismo instante, por la gracia de Dios, recobró la vida, fresca, sonrosada y llena de salud. Luego le contó al rey el crimen que la malvada bruja y su hija habían cometido contra ella. El rey mandó llevar a las dos ante el tribunal, y ahí se les dictó sentencia. A la hija la llevaron al bosque, donde las fieras la despedazaron. A la bruja la echaron al fuego, y murió quemada de una manera horrible.

Y en cuanto quedó hecha cenizas, el cervatillo se transformó y recobró su forma humana. Y la hermanita y el hermanito vivieron felices juntos hasta el fin de sus días.

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## About this tale

Los hermanos Grimm publicaron «Hermanito y hermanita» en Berlín en 1812: es el cuento 11 del tomo primero de sus Kinder- und Hausmärchen. Según Bolte y Polívka, las dos versiones en las que se basaron los Grimm proceden de Marie, en la casa de los Wild en Kassel; la primera lleva fecha del 10 de marzo de 1811.

En 1819 los Grimm rehicieron el cuento casi entero, basándose sobre todo en la segunda versión de Marie: de ahí salen los tres manantiales, la liga dorada y la contraseña de la puerta. Nosotros partimos de la edición de 1857, la séptima, y aquí lo puedes leer en dos adaptaciones propias, «Más suave» y «Original».

> ¿Cómo está mi niño, mi cervatillo cómo está?
> Dos veces más vendré, y después nunca más.
>
> Hermanos Grimm, 1857: was macht mein Kind? was macht mein Reh? / Nun komm ich noch zweimal und dann nimmermehr.

### La primera edición (1812) frente a la séptima (1857)

|  | 1812 | 1857 (base de nuestro texto) |
| --- | --- | --- |
| Los manantiales | uno solo, que convierte en cervatillo | tres: tigre, lobo y cervatillo |
| Refugio en el bosque | una cueva, durante largos años | una casita vacía |
| El rey la encuentra | al perderse mientras caza | tras tres días de caza, con la contraseña |
| La contraseña | no existe | una frase para que ella abra la puerta |
| La reina falsa | la hija de la bruja | la hija tuerta de la bruja |
| El baño | la bruja sola la encierra | la bruja y su hija la llevan y la encierran |
| Cómo revive | cuando el rey la toca | cuando el rey le habla, «por la gracia de Dios» |

### Cómo lo cuenta nuestro texto

El hermanito aguanta la sed en el manantial del tigre y en el del lobo porque la hermanita se lo pide, pero bebe en el tercero y se convierte en cervatillo. Ella le ata al cuello su liga dorada, lo lleva de una cuerda de juncos y los dos se quedan a vivir en una casita del bosque. Al tercer día de cacería, el rey toca a la puerta con la contraseña que un cazador le oyó decir al cervatillo. Nuestra adaptación «Más suave» resume sin quitar nada del argumento; la «Original», más extensa, conserva detalles como el caballo en el que el rey se lleva a la muchacha.

Si lo vas a leer en voz alta, conviene que sepas que la joven reina muere asfixiada por el calor en la casa de baños, vuelve de noche a dar de comer a su hijo y a acariciar al cervatillo, y al final recobra la vida. En nuestras dos adaptaciones las fieras matan a la hija de la bruja y la bruja acaba en el fuego; cuando ya es ceniza, el hermanito recupera su forma humana.

### Cuentos emparentados y una confusión

Bolte y Polívka lo colocan entre los cuentos de la novia suplantada: la madrastra quita de en medio a una mujer inocente que acaba de dar a luz o va camino de su boda, pone en su lugar a una hermanastra fea, y la verdadera vuelve de noche, en forma de pato o con figura humana, para amamantar a su hijo. Entre los cuentos de los Grimm citan «Los tres hombrecillos del bosque» (KHM 13), «La novia blanca y la novia negra» (KHM 135) y «El corderito y el pececillo» (KHM 141), donde el hermano se vuelve cordero. También reúnen versiones de media Europa y de más lejos; en una italiana el hermano se transforma en una oveja de cuernos de oro.

Este cuento se parece a «Hansel y Gretel»: allí también hay dos hermanos, una madrastra, un bosque y una bruja. Aquí la madrastra y la bruja son la misma persona, no hay casa de dulces y la historia sigue hasta la boda de la hermanita y lo que pasa después.

Sources (claims checked against them on 2026-10-30):
- 1812: Brüderchen und Schwesterchen, Kinder- und Haus-Märchen, 1.ª ed., Berlín 1812, vol. 1, n.º 11, pp. 33–38; apéndice, pp. VII y VIII (https://de.wikisource.org/wiki/Br%C3%BCderchen_und_Schwesterchen_(1812))
- 1819: Brüderchen und Schwesterchen, Kinder- und Haus-Märchen, 2.ª ed., Berlín 1819, vol. 1, n.º 11, pp. 57–66 (https://de.wikisource.org/wiki/Br%C3%BCderchen_und_Schwesterchen_(1819))
- 1857: Brüderchen und Schwesterchen, Kinder- und Hausmärchen, 7.ª ed., Göttingen 1857, vol. 1, n.º 11, pp. 57–64 [our source] (https://de.wikisource.org/wiki/Brüderchen_und_Schwesterchen_(1857))
- 1856: Kinder- und Haus-Märchen, Band 3: Anmerkungen, Hermanos Grimm, 3.ª ed., Göttingen 1856, n.º 11, pp. 20–21 (https://de.wikisource.org/wiki/Kinder-_und_Haus-M%C3%A4rchen_Band_3_(1856)/Anmerkungen)
- 1913: Johannes Bolte, Jiří Polívka: Anmerkungen zu den Kinder- und Hausmärchen der Brüder Grimm, Leipzig 1913, vol. 1, n.º 11, pp. 79–96 (https://de.wikisource.org/wiki/Anmerkungen_zu_den_Kinder-_und_Hausm%C3%A4rchen_der_Br%C3%BCder_Grimm_I/Br%C3%BCderchen_und_Schwesterchen)
- Wikidata Q513544, ATU 450 (https://www.wikidata.org/wiki/Q513544)

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- Read online: https://talerie.com/es/cuentos/hermanito-y-hermanita-original
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- Also in: [English](https://talerie.com/en/tales/brother-and-sister-original.md), [German](https://talerie.com/de/maerchen/bruederchen-und-schwesterchen-original.md), [Polish](https://talerie.com/pl/bajki/braciszek-i-siostrzyczka-original.md)
- Author's country: Germany (https://talerie.com/es/cuentos/pais/alemania)
- Wikidata: https://www.wikidata.org/wiki/Q513544
- Tale type: ATU 450 (per Wikidata)
- Source: Kinder- und Hausmärchen, 7. Auflage (1857) (https://de.wikisource.org/wiki/Brüderchen_und_Schwesterchen_(1857))
- Public-domain basis: Talerie contemporary retelling (CC0 2026), based on: Kinder- und Hausmärchen, 7. Auflage (1857) — original: author died 1859/1863 (+70 passed)
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