# Piel de Oso

_Retold by Talerie (talerie.com) from Kinder- und Hausmärchen, after Brothers Grimm_ · 11 min read · ages 8+

Un soldado sin oficio pacta con el diablo pasar siete años sin lavarse, con una piel de oso, y con su dinero salva a un anciano cuya hija menor acepta ser su novia. Ya limpio, Piel de Oso vuelve y la novia lo reconoce por el anillo; una hermana se ahoga en el pozo, la otra se ahorca, y el diablo gana dos almas.

---

Había una vez un muchacho que se alistó como soldado. Era valiente y siempre iba al frente cuando llovían las balas. Mientras duró la guerra todo marchó bien, pero cuando se firmó la paz lo dieron de baja, y el capitán le dijo que podía irse a donde quisiera.

Sus papás habían muerto y ya no tenía hogar, así que fue a ver a sus hermanos y les pidió que lo mantuvieran hasta que volviera a empezar la guerra. Pero los hermanos tenían el corazón duro y le contestaron:

—¿Y qué hacemos contigo? No nos sirves para nada. Arréglatelas como puedas.

Al soldado no le quedaba más que su fusil. Se lo echó al hombro y se fue a recorrer el mundo. Llegó a un gran páramo donde no se veía nada más que un círculo de árboles. Se sentó debajo de ellos, muy triste, y se puso a pensar en su suerte.

«No tengo dinero», pensó. «No aprendí más oficio que el de la guerra, y ahora que hay paz ya no me necesitan. Ya veo que me voy a morir de hambre.»

De pronto oyó un ruido como de ventarrón, y cuando volteó, tenía delante a un hombre desconocido. Llevaba una casaca verde y se veía muy elegante, pero en lugar de un pie tenía una horrible pata de caballo.

—Ya sé lo que te falta —dijo el hombre—. Tendrás dinero y bienes, más de los que puedas gastar por mucho que te empeñes. Pero antes tengo que saber si eres miedoso, para no desperdiciar mi dinero.

—¿Un soldado con miedo? ¿Dónde se ha visto? —respondió el soldado—. Puedes ponerme a prueba.

—Muy bien —dijo el hombre—. Mira detrás de ti.

El soldado se dio la vuelta y vio un oso enorme que venía trotando hacia él y gruñendo.

—¡Ajá! —gritó el soldado—. Ahorita te hago cosquillas en la nariz para que se te quiten las ganas de gruñir.

Apuntó y le disparó al oso en el hocico. La fiera se desplomó y ya no se movió.

—Ya veo que valor no te falta —dijo el desconocido—, pero hay una condición más, y tienes que cumplirla.

—Mientras no ponga en peligro la salvación de mi alma —respondió el soldado, que sabía muy bien con quién estaba tratando—. Si no, no hay trato.

—Eso lo verás tú mismo —respondió el de la casaca verde—. Durante los próximos siete años no podrás lavarte, ni peinarte la barba ni el pelo, ni cortarte las uñas, ni rezar un padrenuestro. Además te daré una casaca y una capa, y tendrás que llevarlas todo ese tiempo. Si mueres en estos siete años, serás mío; si sigues vivo, quedarás libre, y encima serás rico toda la vida.

El soldado pensó en la miseria en que se encontraba. Tantas veces se había enfrentado a la muerte que decidió arriesgarse también esta vez, y aceptó.

El diablo se quitó la casaca verde, se la dio al soldado y le dijo:

—Mientras lleves puesta esta casaca, cada vez que metas la mano en el bolsillo la sacarás llena de dinero.

Luego le quitó la piel al oso y dijo:

—Esta será tu capa y también tu cama, porque tendrás que dormir sobre ella y no podrás meterte en ninguna otra cama. Y por ella te llamarás Piel de Oso.

Y dicho esto, el diablo desapareció.

El soldado se puso la casaca, metió enseguida la mano en el bolsillo y comprobó que todo era cierto. Entonces se echó la piel de oso sobre los hombros y se fue por el mundo. Andaba de buen humor y se daba la gran vida, sin fijarse en lo que gastaba.

El primer año todavía se veía más o menos presentable, pero al segundo ya parecía un monstruo. El pelo le tapaba casi toda la cara, la barba parecía un pedazo de fieltro grueso, tenía garras en lugar de uñas y la cara tan cubierta de mugre que, si alguien le hubiera sembrado berros, habrían brotado.

Todos los que lo veían salían huyendo. Pero como en todas partes les daba dinero a los pobres para que le pidieran a Dios que no lo dejara morir en esos siete años, y como pagaba bien todo lo que pedía, siempre encontraba dónde pasar la noche.

Al cuarto año llegó a una posada. El posadero no quería recibirlo; ni siquiera quería darle un lugar en el establo, porque temía que los caballos se espantaran. Pero cuando Piel de Oso metió la mano en el bolsillo y sacó un puñado de ducados, el posadero se ablandó y le dio un cuarto en la parte de atrás, con la condición de que no se dejara ver, para que la posada no se ganara mala fama.

Una noche, mientras Piel de Oso estaba sentado a solas deseando con toda el alma que los siete años terminaran, oyó en el cuarto de al lado unos lamentos muy fuertes. Como tenía buen corazón, abrió la puerta y vio a un anciano que lloraba desconsolado y se agarraba la cabeza con las dos manos.

Piel de Oso se acercó, pero el anciano se levantó de un salto y quiso huir. Al fin, cuando oyó una voz humana, se calmó un poco, y con palabras amables Piel de Oso logró que le contara la causa de su pena.

Poco a poco el anciano había perdido toda su fortuna. Él y sus hijas pasaban hambre, y era tan pobre que ni siquiera podía pagarle al posadero, así que lo iban a meter a la cárcel.

—Si no es más que eso, señor —dijo Piel de Oso—, dinero me sobra.

Mandó llamar al posadero, le pagó la deuda y además le metió al pobre anciano una bolsa llena de oro en el bolsillo.

Cuando el anciano se vio libre de sus penas, no hallaba cómo agradecérselo.

—Venga conmigo —le dijo—. Mis hijas son bellísimas; escoja usted a una por esposa. Cuando sepan lo que hizo por mí, ninguna se va a negar. Es cierto que se ve usted un poco raro, pero la que escoja ya se encargará de arreglarlo.

A Piel de Oso le gustó la idea y se fue con él.

En cuanto la mayor lo vio, se espantó tanto de su cara que pegó un grito y salió corriendo. La segunda sí se quedó y lo miró de pies a cabeza, pero luego dijo:

—¿Cómo voy a casarme con un hombre que ya no tiene figura humana? Me gustaba más el oso rasurado que vino una vez por aquí haciéndose pasar por persona. Por lo menos llevaba una pelliza de húsar y guantes blancos. Si nada más fuera feo, todavía podría acostumbrarme.

Pero la menor dijo:

—Padre, tiene que ser un hombre bueno el que te sacó de apuros. Si a cambio le prometiste una novia, tienes que cumplir tu palabra.

Lástima que la cara de Piel de Oso estuviera cubierta de mugre y de pelo, porque si no, se habría visto cómo le saltaba de alegría el corazón al oír esas palabras.

Se quitó un anillo del dedo, lo partió en dos y le dio una mitad a la muchacha; la otra se la quedó él. En la mitad de ella escribió su propio nombre y en la suya el nombre de ella, y le pidió que guardara bien su pedazo. Luego se despidió y le dijo:

—Todavía me quedan tres años de camino. Si no vuelvo, quedas libre, porque entonces estaré muerto. Pero pídele a Dios que me conserve la vida.

La pobre novia se vistió toda de negro, y cada vez que pensaba en su prometido se le llenaban los ojos de lágrimas. Sus hermanas no hacían más que burlarse de ella.

—Ten cuidado —le decía la mayor—. Cuando le des la mano, te va a dar un zarpazo.

—Cuídate —le decía la segunda—. A los osos les encanta lo dulce, y si le gustas, te va a comer.

—Vas a tener que hacer siempre lo que él quiera —volvía a empezar la mayor—, porque si no, se pone a gruñir.

—Pero la boda va a estar muy divertida —seguía la segunda—. Los osos bailan muy bien.

La novia se quedaba callada y no dejaba que nada la hiciera dudar.

Mientras tanto, Piel de Oso iba de un lugar a otro por el mundo, hacía el bien donde podía y les daba mucho dinero a los pobres para que rezaran por él.

Por fin amaneció el último día de los siete años. Piel de Oso volvió al páramo y se sentó bajo el círculo de árboles. Al poco rato sopló el viento con fuerza y el diablo apareció delante de él, mirándolo de muy mal humor. Le aventó el viejo uniforme de soldado y le exigió que le devolviera la casaca verde.

—Todavía no —respondió Piel de Oso—. Primero me vas a dejar limpio.

Quisiera o no, el diablo tuvo que ir por agua y lavarlo, peinarle el pelo y cortarle las uñas. Cuando acabó, Piel de Oso parecía un valiente militar, y era mucho más guapo que nunca.

En cuanto el diablo se fue, Piel de Oso sintió que se le quitaba un gran peso de encima. Fue a la ciudad, se puso un espléndido traje de terciopelo, se subió a un carruaje tirado por cuatro caballos blancos y se dirigió a la casa de su novia.

Nadie lo reconoció. El padre lo tomó por un coronel muy distinguido y lo llevó a la sala donde estaban sus hijas. Le pidieron que se sentara entre las dos mayores, que le sirvieron vino, le pusieron en el plato los mejores bocados y pensaron que nunca en la vida habían visto a un hombre tan guapo.

La novia, en cambio, estaba sentada frente a él con su vestido negro. No levantaba la vista ni decía una sola palabra.

Al fin el desconocido le preguntó al padre si le daría a una de sus hijas por esposa. Las dos mayores se levantaron de un salto y corrieron a su cuarto a ponerse los vestidos más lujosos que tenían, porque cada una se imaginaba que era la elegida.

En cuanto se quedó a solas con su novia, el desconocido sacó la mitad del anillo, la echó en una copa de vino y se la pasó por encima de la mesa. Ella tomó la copa, y cuando terminó de beber y encontró la mitad del anillo en el fondo, el corazón le dio un vuelco.

Sacó la otra mitad, que llevaba colgada del cuello con una cinta, la juntó con la primera, y las dos partes encajaron a la perfección.

Entonces él le dijo:

—Soy tu prometido, el que conociste como Piel de Oso. Por la gracia de Dios recobré mi figura humana y volví a estar limpio.

Se acercó a ella, la abrazó y le dio un beso.

En eso entraron las dos hermanas muy arregladas. Cuando vieron que el hombre guapo había escogido a la menor y supieron que era Piel de Oso, salieron corriendo, furiosas. Una se ahogó en el pozo y la otra se ahorcó en un árbol.

Esa noche alguien tocó a la puerta. Cuando el novio abrió, se encontró con el diablo de la casaca verde, que le dijo:

—¿Ya ves? Ahora tengo dos almas en lugar de la tuya.

---

- Read online: https://talerie.com/es/cuentos/piel-de-oso-original
- Version: longer, more faithful retelling; the gentler retelling: https://talerie.com/es/cuentos/piel-de-oso.md
- Also in: [German](https://talerie.com/de/maerchen/der-baerenhaeuter-original.md)
- Author's country: Germany (https://talerie.com/es/cuentos/pais/alemania)
- Wikidata: https://www.wikidata.org/wiki/Q201847
- Tale type: ATU 361 (per Wikidata)
- Source: Kinder- und Hausmärchen, 7. Auflage (1857) (https://de.wikisource.org/wiki/Der_Bärenhäuter_(1857))
- Public-domain basis: Talerie contemporary retelling (CC0 2026), based on: Kinder- und Hausmärchen, 7. Auflage (1857) — original: author died 1859/1863 (+70 passed)
- License: CC0-1.0 (https://creativecommons.org/publicdomain/zero/1.0/)
