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Junto al estanque pasta un buey enorme de cuernos largos, y en la orilla una rana pequeña, hinchada hasta donde le da la piel, lo mira de frente.

La rana y el buey

Esopo

1 min de lectura4–9 años

Una rana ve a un buey enorme que pasta en el prado y decide inflarse hasta igualarlo, preguntando a sus hijos si ya es tan grande como él. A la tercera vez que toma aire con todas sus fuerzas la piel ya no resiste y, allí mismo, en el pasto, a la rana se le acaba la vida.


Una rana vio a un buey que pastaba en el prado y se quedó mirándolo un buen rato. Era enorme, ancho y tranquilo, y a su lado la rana se sintió muy poca cosa.

Entonces se le ocurrió algo. Si estiraba bien su piel arrugada, quizá podría llegar a ser tan grande como él.

Tomó aire y se infló. Después llamó a sus hijos.

—¿Ya soy tan grande como el buey? —les preguntó.

—Todavía no —le respondieron.

La rana tomó más aire y se infló de nuevo, hasta que la piel se le puso tirante y brillante.

—¿Ya soy tan grande como el buey? —preguntó otra vez.

—Todavía no —le respondieron sus hijos.

Una rana con el vientre hinchado como un globo está sentada entre los juncos, y cinco ranas pequeñas la miran desde la orilla, al atardecer.

La rana respiró hondo por tercera vez y se infló con todas sus fuerzas. Su piel no resistió más: la rana reventó y allí mismo, en el pasto, se le acabó la vida.

Adaptado por Talerie, Fuente: Fábulas de Esopo (se abre en una ventana nueva)

Licencia: Dominio público