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Un campesino y su esposa se inclinan sobre un huevo dorado en un nido de paja, ella con un farol en la mano, en la puerta de un establo al anochecer.

La gallina de los huevos de oro

Esopo

1 min de lectura4–9 años

Un hombre y su esposa tienen una gallina que cada mañana les deja un huevo de oro; lo venden y la casa mejora, pero un huevo al día les parece poco, y creen que el ave lleva un tesoro entero por dentro, así que la abren. Dentro no hay nada, y nunca vuelven a encontrar el huevo dorado de cada mañana.


Había una vez un hombre y su esposa que tenían una gallina como ninguna otra. Cada mañana, al abrir el gallinero, encontraban en la paja un huevo de oro.

Lo llevaban al mercado y lo vendían, y con ese huevo de cada día la casa fue mejorando poco a poco. Pero mientras más tenían, más querían. Un huevo diario empezó a parecerles muy poco y muy lento.

Un día se les metió una idea en la cabeza: si la gallina ponía oro, por dentro debía de estar llena de oro. Si la abrían, tendrían el tesoro completo de una sola vez y no tendrían que esperar ni una mañana más.

A la luz de una vela, el hombre gira un huevo de oro con el ceño fruncido; enfrente, su esposa se inclina sobre la mesa y le señala el huevo, ansiosa.

Así lo hicieron. Y adentro no había ningún tesoro escondido: era una gallina igual a todas las demás.

Se quedaron con las manos vacías. No se hicieron ricos de un día para otro, como habían soñado, y nunca volvieron a encontrar el huevo dorado que cada mañana los esperaba en la paja.

Adaptado por Talerie, Fuente: Aesop's Fables: a new translation (se abre en una ventana nueva)

Licencia: Dominio público