
Posado en lo alto de un árbol, un cuervo sostiene en el pico un queso robado, y una zorra hambrienta lo cubre de alabanzas para que abra el pico y cante. El cuervo abre el pico, el queso se le resbala y cae, y la zorra lo atrapa en el aire antes de que toque el suelo, para comérselo allí mismo sin ninguna prisa.
Un cuervo se robó un queso de la ventana de una casa y voló con él hasta la rama más alta de un árbol. Allí se acomodó, muy contento, listo para comérselo con calma.
Una zorra que pasaba por abajo lo vio y se le hizo agua la boca. Sabía que nunca alcanzaría esa rama, así que se propuso conseguir el queso con buenas palabras.
—¡Qué ave tan hermosa! —dijo la zorra, mirando hacia arriba—. Entre todas las que vuelan no hay ninguna que se te compare. Mira el brillo de tus plumas, mira ese porte, esa elegancia. Si además tuvieras la voz clara, ninguna otra ave del mundo te ganaría.

Al cuervo se le hinchó el pecho de orgullo. Quiso demostrarle a la zorra que su voz también era digna de admiración, así que abrió el pico para cantar. El queso se le resbaló y cayó.
La zorra lo atrapó en el aire, antes de que tocara el suelo, y se lo comió allí mismo, delante de él, sin ninguna prisa. Así pagó el cuervo el precio de tanto halago.
Adaptado por Talerie, Fuente: Fábulas de Esopo (se abre en una ventana nueva)
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