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Una niña con capa roja camina por un sendero del bosque con una canasta mientras un lobo la observa entre los árboles oscuros.

Caperucita Roja

Hermanos Grimm

5 min de lecturaa partir de 4 años

Caperucita Roja va por el bosque a llevarle pastel y vino a su abuelita, y un lobo se las traga a las dos hasta que un cazador las saca vivas de la panza. Otro día, un segundo lobo intenta desviarla y sube al techo a esperarla; el olor a salchichas en la pila lo hace asomarse tanto que resbala, cae en ella y no sale.


Había una vez una niña tan dulce que la quería todo el que la veía. Su abuelita, que la adoraba, le regaló una caperuza de terciopelo rojo, y como la niña ya no quiso ponerse otra cosa, todos la llamaban Caperucita Roja.

Una mañana su mamá le dijo:

—Caperucita, llévale este pastel y esta botella de vino a tu abuelita, que está enferma. Y no te salgas del camino, porque si te caes se rompe la botella y tu abuelita se queda sin nada.

La mamá de Caperucita, en delantal, le entrega la canasta con pastel y vino y señala hacia la puerta, en una cocina rústica bañada por la luz de la mañana.

—Lo voy a hacer todo bien —prometió la niña, y le dio la mano a su mamá.

La abuelita vivía en el bosque, a media hora del pueblo. Apenas entró Caperucita entre los árboles, se encontró con el lobo, y no le tuvo miedo porque no sabía que era un animal malo.

—Buenos días, Caperucita —dijo el lobo.

—Buenos días, lobo.

—¿A dónde vas tan temprano?

—A casa de mi abuelita. Le llevo pastel y vino para que se reponga.

—¿Y dónde vive tu abuelita?

—Un cuarto de hora más adentro del bosque, debajo de los tres robles grandes, junto a los avellanos.

El lobo pensó: «Esta niña sería mejor bocado que la vieja; con maña puedo atrapar a las dos». Caminó un rato a su lado y le dijo:

—Mira qué flores tan bonitas hay por todos lados. ¿No oyes cantar a los pajaritos? Vas muy seria, con lo alegre que está el bosque.

Caperucita vio el sol bailando entre los árboles y pensó que a su abuelita le daría gusto un ramo fresco. Se salió del camino, y cada flor que cortaba le hacía ver otra más bonita más allá, hasta que se metió muy adentro del bosque.

El lobo se fue derechito a casa de la abuelita y tocó la puerta.

—¿Quién anda ahí?

—Soy Caperucita, te traigo pastel y vino. Ábreme.

—Nomás empuja el picaporte —contestó la abuelita—. Estoy muy débil y no puedo levantarme.

El lobo empujó el picaporte y, sin decir palabra, se tragó a la abuelita. Después se puso la ropa y el gorro de la abuelita, se acostó y corrió las cortinas.

Cuando ya no pudo con tantas flores, Caperucita se acordó de su abuelita y siguió su camino. Le extrañó ver la puerta abierta, y adentro todo le pareció tan raro que le dio miedo. Dijo buenos días y nadie contestó. Abrió las cortinas: ahí estaba la abuelita, con el gorro calado hasta la cara y un aspecto muy extraño.

Caperucita descorre la cortina de la cama y descubre a un lobo gris con el gorro de su abuelita, orejas y hocico enormes asomando bajo los volantes.

—Abuelita, ¡qué orejas tan grandes tienes!

—Para oírte mejor.

—Abuelita, ¡qué ojos tan grandes tienes!

—Para verte mejor.

—Abuelita, ¡qué manos tan grandes tienes!

—Para agarrarte mejor.

—Pero abuelita, ¡qué boca tan grande tienes!

—¡Para comerte mejor!

En cuanto lo dijo, el lobo dio un salto fuera de la cama y se tragó a la pobre Caperucita.

Ya satisfecho, se volvió a acostar y se durmió, roncando muy fuerte. Un cazador que pasaba oyó los ronquidos y pensó que la abuelita estaba mal, así que entró a ver y se encontró al lobo en la cama.

—Conque aquí estabas, viejo malvado —dijo—. Hace mucho que te buscaba.

Iba a levantar la escopeta, pero pensó que el lobo podía haberse tragado a la abuelita y que quizá aún estaba a tiempo. No disparó: tomó unas tijeras y trabajó con mucho cuidado hasta que vio brillar la caperuza roja y la niña salió de un brinco.

—¡Ay, qué susto! ¡Qué oscuro estaba ahí adentro! —dijo.

Detrás salió la abuelita, viva, aunque apenas podía respirar. Caperucita trajo unas piedras grandes y entre todos le llenaron la panza al lobo. Cuando el lobo despertó y quiso escapar, las piedras pesaban tanto que se desplomó y ya no se levantó.

Los tres quedaron contentos. El cazador se llevó la piel del lobo, la abuelita se repuso con el pastel y el vino, y Caperucita pensó que nunca en la vida se volvería a salir sola del camino si su mamá se lo había prohibido.

Caperucita está entre su abuelita, con chal, y un cazador barbado con sombrero de pluma; la canasta llena y un plato de pastel en el suelo, bajo los robles.

También se cuenta que otra vez, cuando le llevaba pan dulce, un lobo quiso sacarla del camino, pero ella no le hizo caso y le contó a su abuelita que el lobo la había mirado con unos ojos muy malos. Esa tarde cerraron bien la puerta, y no le abrieron cuando llamó:

—Ábreme, abuelita, soy Caperucita y te traigo pan dulce.

El lobo se subió al techo a esperar la noche, pero la abuelita lo adivinó y mandó a la niña a llenar la pila de piedra que estaba frente a la casa con el caldo de unas salchichas que había cocido. El olor le llegó al lobo hasta la nariz. Olfateó, se asomó, y estiró tanto el cuello que resbaló, cayó en la pila y de ahí ya no salió. Caperucita se fue contenta a su casa, y nadie volvió a hacerle daño.

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Adaptado por Talerie, fuente: Kinder- und Hausmärchen (se abre en una ventana nueva)Dominio público

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Sobre este cuento

Los hermanos Grimm publicaron «Caperucita Roja» en 1812, como cuento número 26 de su colección. Se la contaron en Kassel, según Bolte y Polívka, Jeanette Hassenpflug (la parte principal) y Marie, de la casa de los Wild (el breve final del segundo lobo). Charles Perrault ya había publicado otra versión en París, en 1697.

Entre 1812 y 1857 la historia no cambió; los Grimm solo retocaron la redacción: alargaron los consejos de la madre y pusieron palabras en boca del cazador. Tanto «Más suave» como «Original», que es la más larga de nuestras dos versiones, siguen la séptima edición, de 1857, la última que prepararon los propios autores.

Dos textos de época: Perrault (1697) y los Grimm

Perrault (1697)Hermanos Grimm
La caperuzala abuela se la manda hacerregalo de la abuela, de terciopelo rojo
Lo que llevauna torta y un tarrito de mantequillapastel y vino
Advertencianinguna, la madre solo la mandano salirse del camino
Casa de la abuelaen otro pueblo, pasado el molinoen el bosque, bajo tres robles grandes
Las preguntasbrazos, piernas, orejas, ojos, dientesorejas, ojos, manos, boca
Finalel lobo se la come y ahí acabaun cazador las saca vivas de la panza
Despuésuna moraleja en versootro lobo se ahoga en una pila
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¡Para comerte mejor!
Hermanos Grimm, 1857: Daß ich dich besser fressen kann.

Qué cuenta nuestro texto

La madre manda a Caperucita con pastel y vino a casa de la abuela, que vive en el bosque, a media hora del pueblo, debajo de los tres robles grandes, y le pide que no se salga del camino. El lobo la entretiene con las flores, se adelanta y se traga a la abuela; luego se acuesta en su lugar y, cuando llega la niña, se la traga también. Un cazador oye los ronquidos, decide no disparar y saca a las dos con vida. Después le llenan la panza al lobo con piedras. En una segunda parte, otro día, un lobo intenta sacar a Caperucita del camino; ella no le hace caso, y cuando el lobo llama a la puerta de la abuela, no le abren. Mientras el lobo espera en el techo, la abuela le pide a la niña que llene la pila de piedra que hay delante de la casa con el agua de cocer unas salchichas. Atraído por el olor, el lobo cae en la pila y ya no sale.

El lobo se traga enteras a la abuela y a la niña, y las dos salen vivas. La versión «Original» cuenta sin rodeos que el cazador le abre la panza al lobo dormido y que el lobo muere, mientras que la «Más suave» solo habla de unas tijeras y de un lobo que ya no se levanta.

Cuentos emparentados y una confusión

En una nota de 1812, los Grimm escribieron que, fuera de la tradición oral, solo habían encontrado este cuento en Perrault, que había servido de base a la adaptación de Tieck (de 1800, según Bolte y Polívka). Estos dos estudiosos señalan también que el final, con la panza del lobo abierta, coincide con «El lobo y los siete cabritillos»; en nuestras versiones de ambos cuentos, además, el lobo acaba con la panza llena de piedras. Mencionan, por otra parte, un relato en latín que Egberto de Lieja escribió hacia 1023, en el que aparece una niña vestida de rojo entre lobos, y algunas versiones populares francesas en las que la niña se escapa sola.

En el cuento de Perrault nadie salva a la niña. Hay unos leñadores en el bosque, pero solo sirven para que el lobo no se atreva a comérsela allí mismo; el cazador que la rescata es de los Grimm.

Fuentes

Textos de época

Cotejado con estas fuentes el 13 de octubre de 2026.

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