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Una muchacha con una trenza dorada larguísima se asoma al atardecer por la ventana de una torre de piedra cubierta de hiedra.

Rapunzel

Hermanos Grimm

5 min de lecturaa partir de 6 años

Una hechicera encierra a Rapunzel en una torre del bosque y solo sube por su trenza dorada, hasta que el hijo del rey descubre el secreto y la visita. La hechicera corta la trenza y el príncipe cae entre las zarzas, que lo dejan ciego; años después halla a Rapunzel en el páramo, y sus lágrimas le devuelven la vista.


Había una vez un hombre y una mujer que llevaban años deseando un hijo, hasta que por fin la mujer supo que iba a tener uno. Atrás de su casa había un huerto hermoso, rodeado de una barda muy alta, y nadie se atrevía a entrar, porque era de una hechicera a la que todos le tenían miedo.

Una tarde, asomada a la ventana, la mujer vio un sembradío de rapónchigos, unas hojas verdes que se comen en ensalada. Se le antojaron tanto que se puso pálida y triste.

—¿Qué tienes, mujer? —le preguntó su marido.

—Si no como rapónchigos de ese huerto, me voy a morir —contestó ella.

Esa noche el hombre saltó la barda y le llevó un puñado. Ella los comió en ensalada con muchísimas ganas, y le supieron tan bien, tan bien, que al día siguiente quería mucho más. El hombre volvió al oscurecer, y apenas pisó la tierra del huerto se quedó helado, porque la hechicera estaba frente a él.

Un hombre baja de una barda con hiedra, manojo de rapónchigos en mano, mientras la anciana encapuchada lo espera con la mano en alto, furiosa, al anochecer.

—¿Cómo te atreves a robarme como un ladrón? —dijo con la mirada encendida—. Esto te va a salir caro.

—Tenga compasión —respondió él—. Mi mujer vio sus rapónchigos desde la ventana y se moriría si no los probara.

A la hechicera se le bajó el enojo.

—Llévate todos los que quieras —le dijo—, pero me entregarás al hijo que nazca de tu mujer. Yo lo voy a cuidar como una madre.

El hombre, del susto, dijo que sí. Cuando la niña nació, la hechicera se presentó, le puso por nombre Rapunzel y se la llevó.

Cuando Rapunzel cumplió doce años, la hechicera la encerró en una torre del bosque, sin escaleras y sin puerta; hasta arriba nada más tenía una ventanita. Cuando la hechicera quería entrar, se paraba abajo y llamaba:

Rapunzel, Rapunzel,suéltate el cabello,que quiero subir por él.

Rapunzel tenía el cabello largo y fino como hilo de oro. Al oír esa voz soltaba sus trenzas, las enredaba en el gancho de la ventana y las dejaba caer, y por ahí subía la hechicera.

Un par de años después, el hijo del rey pasó a caballo por el bosque y oyó un canto tan dulce que se detuvo a escucharlo. Volvió todos los días, y una tarde, escondido tras un árbol, vio llegar a la hechicera y la oyó llamar:

Rapunzel, Rapunzel,suéltate el cabello,que quiero subir por él.

Rapunzel dejó caer sus trenzas y la hechicera subió por ellas.

—Si esa es la escalera —se dijo el príncipe—, yo también voy a probar suerte.

Al día siguiente, al oscurecer, llamó:

Rapunzel, Rapunzel,suéltate el cabello,que quiero subir por él.

El cabello cayó enseguida y el príncipe subió. Rapunzel se asustó, porque nunca había visto a un hombre, pero él le habló con tanta dulzura que el miedo se le fue. Cuando le preguntó si quería casarse con él, ella lo vio joven y de buen corazón, pensó que él la querría más que la hechicera y le dijo que sí.

—Me iría contigo con mucho gusto, pero no sé cómo bajar —le dijo—. Cada vez que vengas, tráeme una madeja de seda: voy a tejer una escalera, y cuando esté lista me llevarás en tu caballo.

Él iba de noche, porque la hechicera iba de día, y ella no se dio cuenta de nada hasta que una tarde Rapunzel le dijo:

—Dígame, señora Gothel, ¿cómo es que me cuesta mucho más trabajo subirla a usted que al hijo del rey?

—¡Ay, niña mentirosa! —gritó la hechicera—. Yo que te creía apartada del mundo entero, y me engañaste.

Furiosa, le tomó las trenzas y, tris, tras, se las cortó con unas tijeras. Y no tuvo compasión: llevó a la pobre Rapunzel a un páramo y ahí la dejó.

En una torre de piedra, una anciana encapuchada sostiene en alto la trenza dorada recién cortada, y la joven, con el cabello ya corto, baja la mirada al suelo.

Esa misma noche amarró las trenzas cortadas al gancho de la ventana, y cuando llegó el hijo del rey y llamó:

Rapunzel, Rapunzel,suéltate el cabello,que quiero subir por él.

Ella las dejó caer. El príncipe subió, pero arriba no encontró a su querida Rapunzel, sino a la hechicera.

—Vienes por tu amada —le dijo con burla—, pero el pájaro ya no está en el nido y no volverá a cantar. Rapunzel está perdida para ti: nunca volverás a verla.

Al príncipe se le partió el corazón y, en su desesperación, saltó de la torre. Salvó la vida, pero cayó entre las zarzas y las espinas le lastimaron los ojos, y ya no vio nada. Anduvo a ciegas por el bosque durante años, hasta que llegó al páramo donde Rapunzel vivía con mucha pobreza, cuidando a los mellizos que le habían nacido, un niño y una niña.

En un páramo pedregoso bajo un cielo pálido, una joven de cabello corto abraza llorando a un muchacho de capa café que tiende los brazos a ciegas.

Oyó una voz que le pareció conocida y caminó hacia ella. Rapunzel lo reconoció, se le echó al cuello y lloró. Dos de sus lágrimas cayeron en los ojos del príncipe, y él volvió a ver como antes. Los llevó a su reino, donde los recibieron con mucha alegría, y ahí vivieron felices y contentos muchos años.

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Adaptado por Talerie, fuente: Cuentos escogidos de los hermanos Grimm (se abre en una ventana nueva)Dominio público

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Sobre este cuento

«Rapunzel» es un cuento de los hermanos Grimm. Se publicó en 1812 en Berlín, con el número 12, en el primer tomo de sus Kinder- und Haus-Märchen; según Bolte y Polívka, lo contó Jacob Grimm. Los propios Grimm anotaron que Friedrich Schulz ya lo había contado en un libro publicado en Leipzig en 1790.

Los Grimm lo retocaron. En 1812 el huerto es de un hada y a Rapunzel la delatan sus vestiditos, que ya le aprietan; desde 1819 la dueña es una hechicera, y la muchacha se delata al decir que a la hechicera la sube con más trabajo que a su visitante. Nuestras dos versiones, «Más suave» y «Original», siguen la 7.ª edición (1857).

Los Grimm en 1812 y en 1857, punto por punto

Grimm 1812Grimm 1857
Dueña del huertoun hadauna hechicera
La madreya espera un hijoconfía en que Dios les dé un hijo
Edad al encerrarladoce añosdoce años
Ella y el príncipese ven a escondidas, sin petición de manoél le pide que sea su esposa y ella acepta
Qué la delatalos vestidos le quedan estrechosle cuesta más subir a la hechicera que al príncipe
Los ojos de éllos pierde al caer, sin espinasse los atraviesan las espinas
Mellizosun niño y una niñaun niño y una niña
El finalél vuelve a ver y ahí terminala lleva a su reino
Mostrar más
Rapunzel, Rapunzel,suéltate el cabello,que quiero subir por él.
Hermanos Grimm, 1857: Rapunzel, Rapunzel, / laß mir dein Haar herunter.

Nuestra versión del cuento

Aunque la ficha de nuestra edición remite a la traducción de José Sánchez Biedma (1879), el relato sigue la edición alemana de 1857. Una hechicera se queda con la niña a cambio de los rapónchigos de su huerto y, cuando cumple doce años, la encierra en una torre sin puerta. El hijo del rey sube por las trenzas, le pide que se case con él y ella le dice que sí. Rapunzel se delata sola: «Dígame, señora Gothel, ¿cómo es que me cuesta mucho más trabajo subirla a usted que al hijo del rey?»

Hay momentos duros: el enojo de la hechicera, las trenzas cortadas, el salto del príncipe desde la torre y los años que pasa ciego. En la versión «Más suave» las espinas le lastiman los ojos; en la «Original» se los atraviesan, y la hechicera le anuncia además que el gato le sacará los ojos. En las dos, las lágrimas de Rapunzel le devuelven la vista y el cuento termina bien. Los mellizos aparecen al final sin más explicación.

Cuentos emparentados

Los Grimm ya lo relacionaron con «Petrosinella», del Pentamerone de Basile. Según Bolte y Polívka, allí es la propia mujer quien va a buscar perejil al huerto de una bruja, y los enamorados escapan juntos: la muchacha arroja tres agallas que se convierten en un perro, un león y un lobo, y el lobo despedaza a la bruja. En la versión catalana «La noya dels cabells d'or», la madre promete a su hija a cambio de leña, y la hija, al huir, lanza rosas blancas y rojas que se vuelven un río y un fuego. En Francia, Mademoiselle de La Force escribió «Persinette». Lo de subir por el cabello de una joven viene de antiguo: en la epopeya de Firdusi, Rudabe deja caer sus trenzas negras desde el tejado de su palacio y Sal trepa por ellas.

En «Rumpelstiltskin» también se promete un hijo antes de que nazca, pero se trata de un cuento distinto.

Fuentes

Textos de época

Cotejado con estas fuentes el 13 de octubre de 2026.

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