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Una muchacha con una trenza dorada larguísima se asoma al atardecer por la ventana de una torre de piedra cubierta de hiedra.Original

Rapunzel

Hermanos Grimm

8 min de lecturaa partir de 8 años

Una hechicera cría a Rapunzel encerrada en una torre y le corta el cabello dorado al descubrir que el hijo del rey la visita en secreto. Ciego tras caer entre espinas, él la busca por años hasta encontrarla en un páramo con sus mellizos; las lágrimas de ella le devuelven la vista y él la lleva a su reino.


Había una vez un hombre y una mujer que llevaban muchísimo tiempo deseando un hijo sin conseguirlo, hasta que al fin la mujer tuvo la esperanza de que Dios les cumpliría el deseo. En la parte de atrás de su casa tenían una ventanita, y desde ella se veía un jardín espléndido, lleno de las flores y las hierbas más hermosas. Pero lo rodeaba una barda muy alta y nadie se atrevía a entrar, porque era de una hechicera que tenía un gran poder y a la que todo el mundo le tenía miedo.

Un día la mujer estaba asomada a esa ventana, mirando hacia abajo, cuando descubrió un sembradío de rapónchigos, unas hierbas de hojas verdes y tiernas. Se veían tan frescas que se le antojaron con toda el alma. El antojo crecía cada día que pasaba y, como sabía que no podía conseguir ni una hoja, se fue desmejorando y se puso pálida y triste. Entonces su marido se asustó y le preguntó:

—¿Qué tienes, mujer?

—Ay, si no como rapónchigos del jardín que está detrás de nuestra casa, me voy a morir.

El marido, que la quería mucho, pensó que antes de dejar morir a su mujer le llevaría los rapónchigos, costara lo que costara. Al caer la tarde saltó la barda, se metió al jardín de la hechicera, cortó a toda prisa un puñado de rapónchigos y se los llevó. Ella hizo enseguida una ensalada y se la comió con muchísimas ganas. Pero le supieron tan bien, tan bien, que al día siguiente le dieron tres veces más ganas de comerlos. Para que tuviera un poco de paz, el marido tuvo que trepar otra vez. Volvió a bajar al jardín al anochecer, pero apenas puso los pies del otro lado de la barda se llevó un susto terrible, porque tenía enfrente a la hechicera.

Un hombre baja de una barda con hiedra, manojo de rapónchigos en mano, mientras abajo la hechicera lo espera con la mano en alto, furiosa, al anochecer.

—¿Cómo te atreves —le dijo con una mirada de furia— a meterte a mi jardín y robarme los rapónchigos como un ladrón? Esto te va a salir muy caro.

—Ay, tenga compasión de mí —contestó él—. Lo hice por necesidad. Mi mujer vio sus rapónchigos desde la ventana y se le antojaron tanto que se moriría si no comiera de ellos.

Entonces a la hechicera se le fue bajando el enojo y le dijo:

—Si es como dices, llévate cuantos rapónchigos quieras, pero con una condición: tienes que darme el hijo que tu mujer traiga al mundo. No le faltará nada, y yo lo voy a cuidar como una madre.

El hombre, del puro miedo, dijo que sí a todo. Y cuando nació la niña, la hechicera se presentó enseguida, le puso por nombre Rapunzel y se la llevó con ella.

Rapunzel llegó a ser la niña más hermosa que había bajo el sol. Cuando cumplió doce años, la hechicera la encerró en una torre que estaba en medio del bosque y que no tenía escaleras ni puerta; nada más hasta arriba había una ventanita. Cuando la hechicera quería entrar, se paraba abajo y gritaba:

Rapunzel, Rapunzel,suéltate el cabello,que quiero subir por él.

Rapunzel tenía un cabello largo y precioso, fino como hilo de oro. En cuanto oía la voz de la hechicera, se soltaba las trenzas, las enredaba en un gancho de la ventana y el cabello caía veinte varas hasta el suelo. Por ahí subía la hechicera.

Un par de años después sucedió que el hijo del rey iba a caballo por el bosque y pasó junto a la torre. Ahí oyó un canto tan dulce que se quedó quieto, escuchando. Era Rapunzel, que en su soledad se entretenía dejando correr su hermosa voz. El hijo del rey quiso subir con ella y buscó la puerta de la torre, pero no encontró ninguna. Regresó a su casa, aunque aquel canto le había llegado tanto al corazón que todos los días volvía al bosque a escucharlo. Una vez, estando detrás de un árbol, vio llegar a una hechicera y la oyó gritar hacia arriba:

Rapunzel, Rapunzel,suéltate el cabello,que quiero subir por él.

Rapunzel dejó caer sus trenzas y la hechicera subió por ellas.

—Si esa es la escalera por la que se sube, yo también quiero probar suerte —se dijo el hijo del rey.

Y al día siguiente, cuando empezaba a oscurecer, fue a la torre y gritó:

Rapunzel, Rapunzel,suéltate el cabello,que quiero subir por él.

Enseguida bajó el cabello y el hijo del rey subió por él.

Al principio Rapunzel se asustó muchísimo cuando vio entrar a un hombre, porque sus ojos nunca habían visto a ninguno. Pero el hijo del rey empezó a hablarle con mucha dulzura y le contó que su canto le había movido tanto el corazón que ya no lo dejaba en paz, y que había tenido que venir a verla con sus propios ojos. Entonces a Rapunzel se le quitó el miedo, y cuando él le preguntó si quería tomarlo por esposo, ella vio que era joven y guapo y pensó que ese muchacho la querría más que la señora Gothel. Le dijo que sí y puso su mano en la suya.

—Me iría contigo de mil amores —dijo ella—, pero no sé cómo bajar de aquí. Cada vez que vengas, tráeme una madeja de seda; con las madejas voy a tejer una escalera, y cuando esté lista bajaré y me llevarás en tu caballo.

Quedaron en que él la visitaría todas las noches, porque de día venía la vieja. La hechicera no notó nada, hasta que un día Rapunzel le dijo:

—Dígame, señora Gothel, ¿cómo es que me cuesta mucho más trabajo subirla a usted que al joven hijo del rey? Él llega junto a mí en un abrir y cerrar de ojos.

—¡Ay, niña malvada! —gritó la hechicera—. ¿Qué es lo que oigo? Yo que creía haberte apartado del mundo entero, ¡y me engañaste!

Del puro coraje agarró el hermoso cabello de Rapunzel, se lo enredó un par de vueltas en la mano izquierda, tomó unas tijeras con la derecha y, ris, ras, se lo cortó, y las hermosas trenzas quedaron tiradas en el suelo. Y fue tan despiadada que se llevó a la pobre Rapunzel a un páramo, donde tuvo que vivir entre lágrimas y miseria.

En la torre de piedra, la hechicera alza la trenza dorada recién cortada; Rapunzel, con el cabello corto hasta la barbilla, mira el suelo con tristeza.

Pero ese mismo día en que echó a Rapunzel, la hechicera amarró por la noche las trenzas cortadas al gancho de la ventana, y cuando llegó el hijo del rey y gritó:

Rapunzel, Rapunzel,suéltate el cabello,que quiero subir por él.

ella dejó caer el cabello. El hijo del rey subió, pero allá arriba no encontró a su querida Rapunzel, sino a la hechicera, que lo miró con unos ojos llenos de maldad y de veneno.

—¡Ajá! —le dijo con burla—. Vienes por tu amada, pero el pájaro hermoso ya no está en el nido ni canta; el gato se lo llevó, y a ti todavía te va a sacar los ojos. Rapunzel está perdida para ti: nunca volverás a verla.

El hijo del rey se puso fuera de sí del dolor y, en su desesperación, saltó de la torre. Salvó la vida, pero las espinas en las que cayó le atravesaron los ojos. Así anduvo ciego por el bosque, sin comer más que raíces y moras, y sin hacer otra cosa que lamentarse y llorar por la pérdida de su querida esposa. De ese modo vagó varios años en la desgracia, hasta que llegó al páramo donde Rapunzel vivía a duras penas con los mellizos que había dado a luz, un niño y una niña.

En un páramo pedregoso bajo un cielo pálido, una joven de cabello corto abraza llorando a un muchacho de capa café que tiende los brazos a ciegas.

Oyó una voz que le pareció muy conocida y caminó hacia ella. Cuando estuvo cerca, Rapunzel lo reconoció, se le echó al cuello y se puso a llorar. Dos de sus lágrimas le mojaron los ojos, y los ojos se le aclararon otra vez y pudo ver como antes. Él la llevó a su reino, donde los recibieron con mucha alegría, y allí vivieron todavía muchos años felices y contentos.

Adaptado por Talerie, fuente: Cuentos escogidos de los hermanos Grimm (se abre en una ventana nueva)Licencia: Dominio público

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Sobre este cuento

«Rapunzel» es un cuento de los hermanos Grimm. Se publicó en 1812 en Berlín, con el número 12, en el primer tomo de sus Kinder- und Haus-Märchen; según Bolte y Polívka, lo contó Jacob Grimm. Los propios Grimm anotaron que Friedrich Schulz ya lo había contado en un libro publicado en Leipzig en 1790.

Los Grimm lo retocaron. En 1812 el huerto es de un hada y a Rapunzel la delatan sus vestiditos, que ya le aprietan; desde 1819 la dueña es una hechicera, y la muchacha se delata al decir que a la hechicera la sube con más trabajo que a su visitante. Nuestras dos versiones, «Más suave» y «Original», siguen la 7.ª edición (1857).

Los Grimm en 1812 y en 1857, punto por punto

Grimm 1812Grimm 1857
Dueña del huertoun hadauna hechicera
La madreya espera un hijoconfía en que Dios les dé un hijo
Edad al encerrarladoce añosdoce años
Ella y el príncipese ven a escondidas, sin petición de manoél le pide que sea su esposa y ella acepta
Qué la delatalos vestidos le quedan estrechosle cuesta más subir a la hechicera que al príncipe
Los ojos de éllos pierde al caer, sin espinasse los atraviesan las espinas
Mellizosun niño y una niñaun niño y una niña
El finalél vuelve a ver y ahí terminala lleva a su reino
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Rapunzel, Rapunzel,suéltate el cabello,que quiero subir por él.
Hermanos Grimm, 1857: Rapunzel, Rapunzel, / laß mir dein Haar herunter.

Nuestra versión del cuento

Aunque la ficha de nuestra edición remite a la traducción de José Sánchez Biedma (1879), el relato sigue la edición alemana de 1857. Una hechicera se queda con la niña a cambio de los rapónchigos de su huerto y, cuando cumple doce años, la encierra en una torre sin puerta. El hijo del rey sube por las trenzas, le pide que se case con él y ella le dice que sí. Rapunzel se delata sola: «Dígame, señora Gothel, ¿cómo es que me cuesta mucho más trabajo subirla a usted que al hijo del rey?»

Hay momentos duros: el enojo de la hechicera, las trenzas cortadas, el salto del príncipe desde la torre y los años que pasa ciego. En la versión «Más suave» las espinas le lastiman los ojos; en la «Original» se los atraviesan, y la hechicera le anuncia además que el gato le sacará los ojos. En las dos, las lágrimas de Rapunzel le devuelven la vista y el cuento termina bien. Los mellizos aparecen al final sin más explicación.

Cuentos emparentados

Los Grimm ya lo relacionaron con «Petrosinella», del Pentamerone de Basile. Según Bolte y Polívka, allí es la propia mujer quien va a buscar perejil al huerto de una bruja, y los enamorados escapan juntos: la muchacha arroja tres agallas que se convierten en un perro, un león y un lobo, y el lobo despedaza a la bruja. En la versión catalana «La noya dels cabells d'or», la madre promete a su hija a cambio de leña, y la hija, al huir, lanza rosas blancas y rojas que se vuelven un río y un fuego. En Francia, Mademoiselle de La Force escribió «Persinette». Lo de subir por el cabello de una joven viene de antiguo: en la epopeya de Firdusi, Rudabe deja caer sus trenzas negras desde el tejado de su palacio y Sal trepa por ellas.

En «Rumpelstiltskin» también se promete un hijo antes de que nazca, pero se trata de un cuento distinto.

Fuentes

Textos de época

Cotejado con estas fuentes el 13 de octubre de 2026.

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