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Junto a un río al atardecer, la cigüeña hunde el pico en una jarra de barro de cuello angosto mientras la zorra, sentada a un lado, no logra meter el hocico.

La zorra y la cigüeña

Esopo

1 min de lectura4–9 años

Días después de quedarse sin cena en casa de la zorra, la cigüeña la invita a comer y le pone un picadillo en una jarra de cuello tan angosto que la zorra no logra meter el hocico. Ya satisfecha, la cigüeña se burla de su amiga: primero tuvo que ayunar por culpa de la zorra, y ahora le paga con la misma moneda.


Cuentan que una zorra invitó una noche a cenar a la cigüeña. Cuando llegó la hora, le sirvió nada más un poco de caldo en un plato ancho y muy extendido.

La cigüeña venía con hambre, pero por más que lo intentó, su pico largo y delgado apenas rozaba el fondo del plato. Se quedó sin probar bocado, mientras la zorra lamía el caldo hasta la última gota.

La zorra lame el caldo de un plato ancho junto a su madriguera, y la cigüeña, inclinada, apenas toca el fondo con la punta del pico, en el bosque al atardecer.

Pasados unos días, la cigüeña invitó a la zorra a comer a su casa. Le puso una jarra alta, de cuello angosto, llena de un picadillo que olía sabrosísimo.

La zorra dio vueltas alrededor de la jarra y estiró el hocico de un lado y del otro, pero no hubo modo de meter la cabeza. La cigüeña, en cambio, hundía el pico sin ningún trabajo y comía a gusto, mientras su invitada se quedaba con el hambre.

Cuando quedó satisfecha, la cigüeña se burló de ella.

—Amiga, tú me hiciste ayunar a mí —le dijo—, y ahora yo te pago con la misma moneda: una burla se paga con otra burla.

Adaptado por Talerie, Fuente: Fábulas de Esopo (se abre en una ventana nueva)

Licencia: Dominio público