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Un lobo gris baja la cabeza hacia un cordero pequeño que le sostiene la mirada desde la orilla del arroyo, bajo una luz cálida y dorada.

El lobo y el cordero

Esopo

2 min de lectura5–10 años

Un lobo, río arriba, y un cordero, más abajo en la orilla, beben del mismo río, y el lobo, sin motivo alguno, lo acusa de enturbiarle el agua, de hablar mal de él y de una ofensa de su padre. Aunque no puede rebatir las razones del cordero, el lobo de todos modos decide comérselo, y esa mañana el río se queda solo.


Una mañana, un lobo y un cordero llegaron a beber al mismo río, cada uno por su lado. El lobo se puso río arriba y el cordero más abajo, en la orilla, donde bebió despacio y sin hacer ruido.

El lobo lo miró de reojo y le buscó pleito.

El cordero está solo junto al arroyo entre la neblina de la mañana, mientras el lobo baja por la orilla opuesta con la mirada fija en él.

—¿Por qué me enturbias el agua mientras estoy bebiendo? —le preguntó.

El cordero levantó la cabeza con calma.

—¿Cómo podría enturbiártela, si el agua corre de donde tú bebes hacia donde bebo yo? —le respondió.

Al lobo no le importaban ni la verdad ni la razón, así que buscó otra cosa.

—Entonces será que andas hablando mal de mí —dijo.

—Yo nunca he dicho nada de ti —contestó el cordero.

El lobo lo miró con malos ojos.

—Hace seis meses tu padre me ofendió.

—Hace seis meses yo todavía no había nacido —dijo el cordero.

—Pues tú fuiste quien me arruinó el campo, comiéndote todo el pasto.

—Si ni siquiera tengo dientes para pastar —dijo el cordero—. No te he hecho ningún daño.

El lobo se quedó callado un momento. No encontró nada que responder, y aun así bajó por la orilla.

—Aunque no pueda contestar a tus razones, de todos modos te voy a comer.

Y así fue. El lobo se llevó al cordero, que en nada le había faltado, y esa mañana el río se quedó solo.

Adaptado por Talerie, Fuente: Fábulas de Esopo (se abre en una ventana nueva)

Licencia: Dominio público