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Un lobo gris, sentado junto a un estanque con juncos, echa la cabeza hacia atrás con el hocico abierto mientras una grulla gris le acerca el pico a la boca.

El lobo y la grulla

Esopo

1 min de lecturaa partir de 4 años

A un lobo se le atora un hueso y la grulla se lo saca a cambio de los regalos que él le promete. Cuando la grulla pide su pago, el lobo la llama malagradecida y le recuerda que ella tenía la cabeza dentro de la boca de él, que de una mordida podía acabar con ella y que la dejó sacarla sin hacerle ningún daño.


Un lobo estaba comiendo carne cuando se le atoró un hueso en la garganta. Por más que tosía y sacudía la cabeza, no podía sacárselo.

Entonces fue a ver a la grulla y le suplicó:

—Grulla, tú tienes el cuello muy largo y puedes llegar hasta donde yo no alcanzo. Sácame este hueso, por favor, y te daré muchos regalos.

Tanto le rogó el lobo y tanto le prometió que la grulla aceptó. Metió la cabeza en la boca del lobo, estiró el cuello hasta el fondo de la garganta y sacó el hueso. Así quedó curado el lobo.

Cuando lo vio sano, la grulla le pidió su pago:

—Ya hice mi trabajo. Ahora cumple lo que me prometiste.

El lobo se aleja por el prado y voltea gruñendo, enseñando los dientes a la grulla, que lo mira con el pico vacío; entre los dos queda un hueso en la hierba.

—¡Qué malagradecida eres! —respondió el lobo—. ¿No te diste cuenta de que tenías la cabeza dentro de mi boca? De una mordida podía acabar contigo, y te dejé sacarla sin hacerte ningún daño. ¿No te parece que ya te hice un gran favor? ¿Qué más quieres?

Adaptado por Talerie, fuente: Fábulas de Esopo (se abre en una ventana nueva)Licencia: Dominio público