
El pastor mentiroso
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Aburrido en lo alto de la montaña, un joven pastor grita dos veces que el lobo se lleva sus ovejas, y los campesinos sueltan sus herramientas y suben corriendo la cuesta. Cuando el lobo llega de verdad, nadie sube, y el pastor baja solo y en silencio ya entrada la noche, con muchas ovejas menos.
Había una vez un joven pastor que cuidaba su rebaño en lo alto de una montaña. Los días eran largos y callados. Abajo, en los campos, los campesinos trabajaban desde temprano.
Una mañana, de puro aburrimiento, se le ocurrió una travesura. Se acercó al borde de la ladera, hizo bocina con las manos y gritó con todas sus fuerzas:
—¡Auxilio! ¡El lobo! ¡El lobo se lleva mis ovejas!
Los campesinos soltaron sus herramientas y subieron corriendo la cuesta. Llegaron sin aliento, buscando entre las piedras y los matorrales.
No había ningún lobo. Solo las ovejas pastando tranquilas y el pastor doblado de risa.
—Nada más quería ver si venían —dijo.
Los campesinos se miraron, negaron con la cabeza y volvieron a su trabajo.
Unos días después, el pastor se aburrió otra vez. Se acercó al borde de la ladera, hizo bocina con las manos y gritó igual que antes:
—¡Auxilio! ¡El lobo! ¡El lobo se lleva mis ovejas!
Los campesinos dejaron la labor y subieron corriendo, como la primera vez. Arriba encontraron lo mismo: el pasto quieto, las ovejas juntas y al pastor riéndose de ellos.
—Esto no es un juego —le dijo el más viejo—. Un día vas a gritar de verdad.
El pastor se encogió de hombros.
Pasó el tiempo. Una tarde, cuando el sol ya iba bajando, algo se movió entre los arbustos. Un lobo de verdad salió al descubierto y se metió entre las ovejas.
El rebaño se desbandó, balando. El pastor corrió hasta la ladera, hizo bocina con las manos y gritó con toda el alma:
—¡Auxilio! ¡El lobo! ¡El lobo se lleva mis ovejas!

Abajo, los campesinos levantaron la vista un momento.
—Ya empezó otra vez —dijo uno, y siguió trabajando.
Nadie subió. El pastor gritó hasta quedarse ronco, y su voz se fue montaña abajo sin encontrar respuesta.
Cuando por fin cayó la noche, el lobo ya se había ido, y con él muchas ovejas del rebaño. El pastor bajó solo, en silencio, por el mismo camino que dos veces habían subido los demás.
Adaptado por Talerie, Fuente: Fábulas de Esopo (se abre en una ventana nueva)
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