
El ratón de campo y el ratón de ciudad
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Un ratón de ciudad lleva a su amigo del campo a la despensa de un palacio, y en plena comida el despensero abre la puerta y los dos salen corriendo. El ratón de campo, todavía temblando, le dice que él vive contento con lo poco que tiene y que el de la ciudad tiene mucho de qué cuidarse y ninguna seguridad.
Un ratón que vivía en la ciudad salió un día de viaje por un camino largo, y cuando ya oscurecía llegó a un sembradío. Allí lo recibió un ratón del campo, que le dio posada en su casita bajo la tierra y le puso enfrente bellotas, habas y cebada. No era mucho, pero se lo ofreció de todo corazón, y el ratón de ciudad comió y durmió tranquilo hasta la mañana.

Tiempo después volvió a pasar por el mismo camino y fue a buscar a su amigo.
—Ven conmigo a la ciudad —le dijo—. Quiero que veas de una vez cómo se come allá.
Al ratón de campo le ganó la curiosidad y aceptó. Caminaron juntos hasta la ciudad y se metieron por un agujero de la pared de un palacio, hasta la despensa donde el ratón de ciudad tenía su escondite. El ratón de campo nunca había visto tanta comida junta: estantes llenos de un lado y del otro, y buenos olores por todas partes.
—Come lo que quieras —le dijo el ratón de ciudad—. Aquí hay de todo, y todos los días sobra.
Se pusieron a comer muy contentos. Y de repente la puerta se abrió de golpe, con un ruido que retumbó en toda la despensa. Era el despensero, que entraba por algo. Los dos ratones salieron corriendo, cada uno por su lado.
El ratón de ciudad conocía sus escondites y en un segundo estuvo a salvo. El otro no sabía adónde meterse. Trepó por la pared como pudo y allí se quedó, pegado y temblando.
El despensero tomó lo que buscaba, cerró la puerta y se fue. Entonces el ratón de ciudad salió de su escondite y el otro bajó de la pared.
—¿Por qué te asustaste tanto, amigo? —dijo el ratón de ciudad—. Ven, vamos a seguir comiendo. Mira cuántas cosas ricas hay aquí. No tengas miedo, a nosotros no nos va a pasar nada.
—Tú come, ya que no tienes miedo —respondió el ratón de campo—. A ti no te tiembla el corazón porque ya estás acostumbrado. Yo vivo en el campo contento con lo poco que tengo, y allá no hay nada que me espante. Tú tienes mucho de qué cuidarte y ninguna seguridad. Cualquier día te agarra la ratonera, o te enreda un lazo, o te alcanza el gato. Y en esta casa nadie te quiere bien.
Adaptado por Talerie, Fuente: Fábulas de Esopo (se abre en una ventana nueva)
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