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Un caminante encorvado avanza por un camino de tierra sujetando su capa con las dos manos; el viento dobla un árbol y un sol dorado asoma entre las nubes.

El viento y el sol

Esopo

2 min de lecturaa partir de 4 años

El viento del norte y el sol discuten quién es más fuerte y hacen una prueba con un caminante que lleva una capa. El viento sopla hasta quedarse sin aliento y la capa sigue en su lugar; el sol empieza con un calorcito y va apretando hasta que el caminante se la quita de buena gana y se aleja más ligero.


Una mañana, el viento del norte y el sol se pusieron a discutir. Cada uno estaba convencido de que era el más fuerte de los dos, y ninguno quería dar su brazo a torcer.

—Yo soy el más fuerte —decía el viento del norte—. Nadie puede conmigo.

—Eso está por verse —le respondía el sol.

Llevaban buen rato en lo mismo cuando vieron venir por el camino a un caminante con una capa sobre los hombros.

—Hagamos una prueba —propuso el sol—. El que le quite la capa a ese hombre será el más fuerte.

—Trato hecho —dijo el viento del norte—. Y empiezo yo.

Juntó entonces todas sus fuerzas y se dejó caer sobre el camino. Levantó el polvo en remolinos, dobló las ramas de los árboles y agarró la capa por una punta, como si quisiera arrancársela de un solo tirón.

Pero mientras más fuerte soplaba, más se envolvía el caminante en su capa. Se la sujetó con las dos manos, agachó la cabeza y avanzó contra el viento.

El viento del norte no se dio por vencido. Sopló y sopló hasta quedarse sin aliento, y cuando por fin tuvo que detenerse, la capa seguía en su lugar.

—Ahora me toca a mí —dijo el sol.

Asomó despacito entre las nubes y empezó a calentar apenas, con un calorcito suave que se sentía muy bien después de tanto frío.

El caminante levantó la cara, respiró el aire tibio y se desabrochó la capa. Siguió su camino tranquilo, con ella suelta sobre los hombros.

Poco a poco el sol fue apretando, hasta que brilló con toda su fuerza y el mediodía cayó a plomo sobre el camino.

A los pocos pasos, el caminante se quitó la capa de buena gana, la dobló bajo el brazo y siguió su camino más ligero, buscando la sombra de los árboles.

Un hombre sudoroso lleva la capa doblada sobre el brazo y se cubre la frente con la mano, con la cara vuelta hacia el sol y el camino vacío detrás.

El sol lo vio alejarse por el camino. El viento del norte no tuvo nada que decir.

Adaptado por Talerie, Fuente: Aesop's Fables: a new translation (se abre en una ventana nueva)

Licencia: Dominio público