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Junto a un río, Mercurio, con sombrero y sandalias con alas, le muestra un hacha de oro a un leñador de barba gris, que levanta la mano para decir que no.

El leñador honrado

Esopo

2 min de lectura a partir de 4 años

Cuando el hacha se le hunde en el río, a un pobre leñador no le queda nada con qué ganarse la vida. Sentado en la orilla, se echa a llorar y llama a Mercurio.


Había una vez un leñador que cortaba madera a la orilla de un río. Era un hombre pobre, y su hacha era lo único que tenía para ganarse la vida.

Un día, mientras trabajaba, el hacha se le resbaló de las manos y cayó al agua. El río era hondo, y en un momento se perdió de vista.

El leñador se sentó en la orilla y se puso a llorar. Sin su hacha no podría trabajar, y sin trabajo no tendría con qué comer. Entre lágrimas, llamó a Mercurio, el dios mensajero, para que lo ayudara en aquella desgracia.

Un leñador de barba gris, sentado solo en la orilla del río, se lleva la mano a la frente con tristeza mientras en el agua se abren anchos círculos.

Mercurio lo oyó y le tuvo lástima. Tomó la forma de un joven, se le apareció junto al río y le preguntó:

—¿Por qué lloras así?

—Señor, se me cayó el hacha al río —contestó el leñador—. Y era lo único que tenía para trabajar.

Mercurio se metió en el agua y salió con un hacha de oro que brillaba al sol.

—¿Es esta el hacha que perdiste?

—No, señor, esa no es mía —dijo el leñador.

Mercurio volvió a sumergirse, y esta vez sacó un hacha de plata.

—¿Es esta el hacha que perdiste?

—Tampoco, señor. Esa no es mía.

Por tercera vez se metió Mercurio en el río, y salió con una vieja hacha de hierro, gastada de tanto trabajar.

—¿Es esta el hacha que perdiste?

En cuanto la vio, al leñador se le iluminó la cara.

—¡Esa sí, señor! Esa es la mía.

—Aquí la tienes —dijo Mercurio—. Y como fuiste sincero, llévate también las otras dos.

Le dio las tres hachas: la de oro, la de plata y la suya de hierro. El leñador se las echó al hombro y se fue muy contento a contarles a todos la buena suerte que había tenido.

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Adaptado por Talerie, fuente: Fábulas de Esopo (se abre en una ventana nueva) Dominio público