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Posada sobre una hoja de pasto, la cigarra toca el violín con los ojos cerrados de placer, mientras una fila de hormigas lleva granos a una puertita de madera.

La cigarra y la hormiga

Esopo

1 min de lectura3–8 años

En pleno invierno, la hormiga saca a secar el trigo que guardó en verano, y llega la cigarra, temblando de frío y sin nada que comer, a pedir un poco de grano. La hormiga le pregunta qué hizo ella en verano y, al oír su respuesta, se ríe, guarda el trigo en su casita y desde la puerta le ordena bailar todo el invierno.


Era pleno invierno, y la hormiga sacó al sol el trigo que había juntado durante el verano. Grano por grano lo fue extendiendo frente a su casa para que se secara bien.

En eso llegó la cigarra, temblando de frío y con mucha hambre.

—Hormiguita, regálame un poco de ese trigo —le pidió—. No tengo nada que comer.

La hormiga dejó de trabajar y la miró con calma.

La cigarra alza una pata delantera en gesto de súplica, con la otra apoyada en el suelo, ante hormigas reunidas junto a un montón de trigo sobre la nieve.

—Dime una cosa, amiga: ¿qué hiciste tú en el verano? —le preguntó.

—No me quedó tiempo de juntar nada —respondió la cigarra—. Me pasé los días entre los árboles del campo, cantando de la mañana a la noche.

La hormiga se echó a reír. Recogió su trigo, lo guardó en su casita y, desde la puerta, le contestó:

—Si cantaste todo el verano, baila ahora todo el invierno.

Adaptado por Talerie, Fuente: Fábulas de Esopo (se abre en una ventana nueva)

Licencia: Dominio público