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Una joven sonriente avanza por un camino de tierra con una cubeta de madera llena de leche en la cabeza; detrás, vacas, un portón y una casita de techo de paja.

La lechera

Esopo

2 min de lectura a partir de 3 años

La hija de un granjero vuelve de ordeñar con una cubeta de leche sobre la cabeza. Camina despacio para no derramar ni una gota, y a cada paso hace cuentas de todo lo que va a sacar de esa leche.


Había una vez la hija de un granjero que salió temprano a ordeñar las vacas. Cuando terminó, llenó una cubeta de madera hasta el borde, se la acomodó sobre la cabeza y emprendió el camino de vuelta a la lechería. Atrás, en el prado, las vacas se quedaron pastando.

La lechera caminaba despacio, con cuidado de no derramar ni una gota. Y mientras caminaba, empezó a hacer cuentas.

«Con esta leche voy a sacar crema», pensó. «Con la crema haré mantequilla, y la mantequilla la llevaré al mercado para venderla.»

Tan contenta quedó con la idea que siguió soñando. Con el dinero compraría unos huevos. De los huevos saldrían pollitos, los pollitos crecerían, y al poco tiempo tendría un gallinero bien grande, lleno de gallinas y de gallos.

«Entonces venderé unos cuantos pollos», siguió pensando, «y con lo que me paguen me compraré un vestido nuevo para estrenarlo en la feria.»

Ya se veía en la feria con su vestido nuevo. Todos los muchachos se quedarían mirándola, le dirían lo bonito que era su vestido y, uno tras otro, querrían ser su novio.

«Pero yo ni caso les voy a hacer», pensó. «Voy a echar la cabeza para atrás, muy orgullosa, y no le voy a hablar a ninguno.»

Tan metida estaba en su sueño que se olvidó de la cubeta e hizo de verdad lo que estaba pensando: echó la cabeza para atrás, muy orgullosa.

La joven, con una mano en la cintura, echa la cabeza para atrás muy satisfecha mientras la cubeta de madera se ladea y la leche cae a chorro sobre el camino.

La cubeta se le resbaló y cayó al suelo. Toda la leche se derramó en el camino, y en un instante se le vinieron abajo sus castillos en el aire: la crema y la mantequilla, el dinero del mercado, los huevos, los pollitos y el gallinero, el vestido nuevo, la feria y todos los muchachos.

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Adaptado por Talerie, fuente: Aesop’s Fables: a new translation (se abre en una ventana nueva) Dominio público

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Sobre esta fábula

La fábula de la lechera figura entre las de Esopo en colecciones inglesas, como la traducción de V. S. Vernon Jones de 1912. En español, Félix María Samaniego tituló «La lechera» una fábula suya en verso, y en el Conde Lucanor don Juan Manuel cuenta en castellano antiguo un caso parecido: el de doña Truhana y su olla de miel.

Nuestro texto sigue a Vernon Jones paso a paso: la hija de un granjero vuelve a la lechería con la leche en la cabeza, sueña con huevos, pollitos y un vestido nuevo, y al echar la cabeza para atrás se le cae la cubeta. Son cosa nuestra las vacas que se quedan pastando y que la cubeta sea de madera.

Nuestra fuente inglesa frente a la fábula de Samaniego

Vernon Jones (1912)Samaniego
Quiénla hija de un granjerouna lechera que va sola
Qué llevaun cubo de leche en la cabezaun cántaro en la cabeza
Adónde vade vuelta a la lecheríaal mercado
Con qué sueñahuevos, pollos, un vestido nuevo, la feriahuevos, cien pollos, un cochino, vaca y ternero
Por qué se caeecha la cabeza hacia atrásda un brinco
Al finalsus castillos en el aire se esfuman«¡Pobre lechera!»
Moralejano cuentes los pollos antes de que nazcan«ni el presente está seguro»
Mostrar más
en un instante se le vinieron abajo sus castillos en el aire
Vernon Jones, 1912: all her fine castles in the air vanished in a moment!

Qué cuenta nuestro texto

La hija de un granjero sale temprano a ordeñar, llena hasta el borde una cubeta de madera y se la acomoda sobre la cabeza para volver a la lechería. Por el camino va haciendo cuentas: de la leche sacará crema, de la crema mantequilla, y con lo que le paguen en el mercado comprará huevos. De los huevos saldrán pollitos, y con la venta de unos cuantos pollos se comprará un vestido nuevo para la feria, donde todos los muchachos querrán ser su novio. Ella piensa echar la cabeza para atrás y no hacerle caso a ninguno, y tan metida está en el sueño que lo hace de verdad: la cubeta cae y la leche se derrama en el camino.

Igual que en Vernon Jones, aquí no hay cántaro ni salto, y la lechera no sueña con un cochino ni con una vaca: el cántaro aparece en Samaniego, y el cochino, la vaca y el salto, tanto en Samaniego como en La Fontaine. Las vacas que se quedan pastando en el prado y el cuidado de no derramar ni una gota los añadimos nosotros. Debajo del texto va nuestra propia moraleja, que no es la de Samaniego: «Si te pierdes soñando con lo que vas a tener, puedes perder lo que ya tienes». El cuento termina con la leche en el suelo, y nadie regaña ni castiga a la lechera.

La misma historia en otros textos

En el Conde Lucanor, Patronio le pone al conde el ejemplo de doña Truhana, una mujer más pobre que rica que va al mercado con una olla de miel en la cabeza. Sueña con huevos, gallinas y ovejas, con ser más rica que sus vecinos y casar a sus hijos e hijas; se ríe, se da con la mano en la frente y la olla se rompe. En La Fontaine la lechera se llama Perrette y lleva a la ciudad una olla de leche en la cabeza. Sueña con un cerdo, una vaca y su ternero, da un salto, y al final va a disculparse con su marido. En la traducción inglesa de Townsend, las cuentas de la hija del granjero llevan cifras exactas de huevos y pollos, y ella sueña con las fiestas de Navidad.

Quien busque los versos de Samaniego, como «¡Pobre lechera!» o «Adiós leche, dinero, huevos, pollos, lechón, vaca y ternero», no los encontrará en nuestro texto. Nuestra lechera no va al mercado con un cántaro, sino de vuelta a la lechería con su cubeta, y en su sueño no hay lechón ni vaca.

Fuentes

Textos de época

Cotejado con estas fuentes el 4 de noviembre de 2026.

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