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Bajo nubes de tormenta y un haz de luz, un pez enorme abre la boca entre las olas mientras Jonás cae desde la proa del barco y los marineros se asoman.

Jonás y la ballena

La Biblia

7 min de lectura a partir de 5 años

Dios le pide a Jonás que vaya a Nínive, pero Jonás se embarca en Jope hacia Tarsis, al otro lado del mar. Se desata una tormenta tan grande que los marineros avientan la carga al agua y cada uno le grita a su dios; abajo, en el fondo del barco, Jonás duerme.


Jonás era hijo de Amitai. Un día Dios le habló y le dijo:

—Levántate y ve a Nínive, esa gran ciudad, y alza la voz contra ella, porque su maldad ya llegó hasta mí.

Jonás se levantó, pero no para ir a Nínive. Quería huir lejos de Dios, hasta Tarsis, al otro lado del mar. Bajó al puerto de Jope, encontró un barco que salía para Tarsis, pagó su pasaje y se embarcó con los marineros.

En el puerto de Jope, Jonás, con barba, túnica clara y manto a rayas, pisa el tablón y mira hacia el barco; detrás, dos hombres cargan ánforas de barro.

Pero Dios mandó un viento muy fuerte sobre el mar, y se desató una tormenta tan grande que el barco parecía a punto de romperse.

Los marineros tenían mucho miedo, y cada uno le gritaba a su propio dios. Para aligerar el barco, aventaron al agua toda la carga que llevaban. Mientras tanto, Jonás había bajado al fondo del barco, se había acostado y dormía profundamente.

El capitán fue a buscarlo y lo despertó:

—¿Cómo puede dormir, señor? ¡Levántese y pídale ayuda a su Dios! A lo mejor él se acuerda de nosotros y salimos con vida.

En cubierta, los marineros se decían unos a otros:

—Vengan, echemos suertes para saber quién tiene la culpa de esta desgracia.

Echaron suertes, y la suerte señaló a Jonás. Entonces le preguntaron:

—Díganos por qué nos pasa esto. ¿A qué se dedica? ¿De dónde viene? ¿Cuál es su tierra y de qué pueblo es usted?

—Soy hebreo —les contestó Jonás—, y adoro a Dios, el Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra firme.

Al oírlo, los marineros se asustaron todavía más.

—¿Por qué hizo eso? —le preguntaron, porque Jonás ya les había contado que iba huyendo de Dios.

El mar se ponía cada vez más bravo, y volvieron a preguntarle:

—¿Qué tenemos que hacer con usted para que el mar se calme?

—Agárrenme y aviéntenme al mar —les respondió Jonás—, y el mar se calmará. Yo sé que esta gran tormenta les cayó encima por mi culpa.

En lugar de hacerlo, aquellos hombres remaron con todas sus fuerzas para volver a la orilla. No lo lograron: las olas se levantaban contra ellos cada vez más altas. Entonces clamaron a Dios:

—Dios, te lo rogamos: no nos hagas morir por quitarle la vida a este hombre, ni nos culpes de la muerte de un inocente. Tú quisiste que todo pasara así.

Luego tomaron a Jonás y lo aventaron al mar. En ese mismo instante el mar dejó de rugir y se quedó en calma.

Los marineros sintieron un gran temor de Dios. Le ofrecieron un sacrificio y le hicieron promesas.

Pero Dios ya tenía preparado un pez enorme, que se tragó a Jonás. Jonás pasó tres días y tres noches en el vientre del gran pez.

Desde el vientre del pez, Jonás le rezó a Dios:

—Desde mi angustia te llamé, Dios mío, y tú me respondiste. Desde lo más hondo te grité, y tú oíste mi voz. Me arrojaste a lo profundo, en medio del mar; la corriente me envolvió y tus olas pasaron sobre mí. Yo pensé: «Me echaste de tu lado», pero volveré a ver tu santo templo.

—Las aguas me cubrieron por completo —siguió diciendo Jonás—, el abismo me rodeó y las algas se me enredaron en la cabeza. Bajé hasta las raíces de los montes, y la tierra cerró sus puertas detrás de mí. Pero tú, Dios mío, me sacaste con vida de allá abajo. Cuando ya me faltaban las fuerzas, me acordé de ti, y mi oración llegó hasta tu santo templo.

—Los que siguen a dioses falsos —añadió— le dan la espalda a tu bondad. Pero yo te alabaré, te ofreceré sacrificios y cumpliré lo que te prometí, porque la salvación viene de ti.

Entonces Dios le dio una orden al pez, y el gran pez escupió a Jonás sobre tierra firme.

Jonás, empapado y con los ojos cerrados, está de rodillas en la playa con las manos en la arena; detrás, el gran pez descansa en la orilla bajo un haz de luz.

Por segunda vez, Dios le dijo a Jonás:

—Levántate y ve a Nínive, esa gran ciudad, y anuncia allí lo que yo te diga.

Esta vez Jonás se levantó y fue a Nínive, como Dios le había mandado. Nínive era una ciudad enorme: para recorrerla se necesitaban tres días de camino. Jonás entró a la ciudad, caminó un día entero por sus calles y fue anunciando en voz alta:

—¡Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida!

La gente de Nínive le creyó a Dios. Anunciaron un ayuno, y todos se vistieron con ropa de costal, desde el más importante hasta el más pequeño.

Cuando la noticia llegó al rey de Nínive, este se levantó de su trono, se quitó el manto, se cubrió con tela de costal y se sentó en la ceniza.

El rey de Nínive, con ropa de costal, se sienta en la ceniza junto al trono donde dejó el manto; tres personas se arrodillan y un burro lleva una tela oscura.

Luego, junto con sus consejeros, mandó pregonar por toda la ciudad esta orden:

—Que nadie pruebe bocado, ni la gente ni los animales, ni las vacas ni las ovejas; que nadie coma ni beba agua. Cúbranse todos con tela de costal, personas y animales, y clamen a Dios con todas sus fuerzas. Que cada uno deje de hacer el mal y de usar la violencia. ¿Quién sabe? A lo mejor Dios cambia de parecer, se le pasa el enojo y nos perdona la vida.

Dios vio lo que hacían y que de verdad dejaban de hacer el mal. Entonces cambió de parecer y no les mandó el castigo que había anunciado.

A Jonás, en cambio, eso le pareció muy mal, y se enojó muchísimo. En su oración le reclamó a Dios:

—Dios mío, ¿no te lo dije cuando todavía estaba en mi tierra? Por eso quise huir a Tarsis. Yo sabía que tú eres un Dios bondadoso y compasivo, que tardas en enojarte, que tienes mucho amor y que siempre acabas perdonando en lugar de castigar. Ahora, Dios, mejor quítame la vida. Prefiero morirme que seguir viviendo.

Dios le contestó:

—¿Te parece bien enojarte tanto?

Jonás salió de la ciudad y se sentó al este de ella. Allí se hizo una choza, y a su sombra se quedó esperando a ver qué le pasaba a Nínive.

Entonces Dios hizo crecer una planta de hojas grandes, que subió por encima de Jonás y le dio sombra en la cabeza para aliviarle el malestar. Jonás se puso muy contento con la planta.

Jonás sonríe sentado a la sombra de una planta de hojas grandes, junto a su choza de ramas, en una loma desde donde se ven las murallas de Nínive.

Pero al amanecer del día siguiente, Dios mandó un gusano que mordió la planta, y la planta se secó.

Cuando salió el sol, Dios mandó un viento caliente del este. El sol le daba a Jonás en la cabeza con tanta fuerza que casi se desmayaba, y otra vez pidió morir:

—Prefiero morirme que seguir viviendo.

Dios le preguntó:

—¿Te parece bien enojarte tanto por la planta?

—Sí, me parece bien —contestó Jonás—. Me enojo tanto que quisiera morirme.

Y Dios le dijo:

—Tú te compadeces de esa planta, aunque no trabajaste por ella ni la hiciste crecer. En una noche brotó y en otra noche se secó. ¿Y no voy a tener yo compasión de Nínive, esa gran ciudad, donde viven más de ciento veinte mil personas que no saben distinguir su mano derecha de la izquierda, y tantos animales?

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Adaptado por Talerie, fuente: Biblia Reina-Valera 1909 (se abre en una ventana nueva) Dominio público

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Sobre esta historia bíblica

Jonás y la ballena es un relato bíblico: el libro de Jonás, cuatro capítulos breves. El libro presenta a su protagonista solo como «Jonás, hijo de Amittai» y en ningún momento dice quién lo escribió ni en qué época. Para contarlo seguimos el texto de la Reina-Valera revisada en 1909.

Recorremos los cuatro capítulos en un español de hoy, con la oración de Jonás dentro del pez algo más corta, y terminamos donde termina el libro. En el libro de Jonás, la Reina-Valera habla de «un gran pez», y nuestro texto, de «un pez enorme»; la ballena está en nuestro título y en el Evangelio de Mateo.

La Reina-Valera 1909 frente a nuestro relato

Reina-Valera 1909Nuestro relato
El animal«un gran pez»«un pez enorme»; la ballena, solo en el título
Cómo llama a DiosJehová y Diossiempre Dios
El puertoJoppeJope
La oracióndice «Del vientre del sepulcro clamé»más breve, con «Desde lo más hondo te grité»
La planta«una calabacera»«una planta de hojas grandes»
El finaluna pregunta de Dios, sin respuesta de Jonásla misma pregunta, también sin respuesta
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Jonás pasó tres días y tres noches en el vientre del gran pez.
Jonás 1:17, Reina-Valera 1909: Mas Jehová había prevenido un gran pez que tragase á Jonás: y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches.

Qué cuenta nuestro texto

En lugar de ir a Nínive, como Dios le manda, Jonás se embarca en Jope rumbo a Tarsis. Durante la tormenta, la suerte señala a Jonás, y es él quien pide a los marineros que lo echen al agua; ellos antes reman con todas sus fuerzas hacia la orilla. Jonás pasa tres días y tres noches dentro del pez, reza, y el pez lo escupe en tierra firme. Después Jonás va a Nínive, la ciudad se arrepiente y Dios no la destruye. Jonás se enoja, Dios hace crecer una planta que le da sombra y luego la seca con un gusano, y el relato acaba con la pregunta de Dios sobre Nínive, donde viven más de ciento veinte mil personas que «no saben distinguir su mano derecha de la izquierda», y tantos animales.

Si se lo lees a tus hijos, conviene saber que a Jonás lo echan al mar porque él mismo lo pide, y sale con vida. Cuando dice dos veces «Prefiero morirme que seguir viviendo», está muy enojado, y Dios no le contesta con un castigo, sino con una pregunta.

La ballena del Evangelio y el pez de Pinocho

La palabra «ballena» no aparece en el libro de Jonás, pero sí en el Evangelio de Mateo. Allí Jesús habla de «la señal de Jonás profeta» y dice: «Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches» (Mateo 12:40, Reina-Valera 1909).

A Pinocho también se lo traga un animal en el mar, pero en nuestra versión de Pinocho no es una ballena: es el Tiburón, «un pez tan grande como una casa de cinco pisos».

Fuentes

Textos de época

Cotejado con estas fuentes el 31 de octubre de 2026.

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