
Adán y Eva
6 min de lectura a partir de 5 años talerie.com/es/cuentos/adan-y-eva
En el jardín del Edén, el hombre y la mujer pueden comer de todos los árboles menos de uno. Solo el árbol del conocimiento del bien y del mal les está prohibido. Pero la serpiente, más astuta que todos los animales del campo, le asegura a la mujer que si comen de él no morirán.
Cuando Dios hizo la tierra y el cielo, todavía no crecía ninguna planta en el campo ni brotaba la hierba, porque Dios aún no había mandado la lluvia y no había nadie que trabajara la tierra. Solo subía del suelo una neblina que lo humedecía todo.
Entonces Dios formó al hombre con el polvo de la tierra. Le sopló en la nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en un ser vivo.
Dios plantó un jardín en Edén, hacia el oriente, y puso allí al hombre que había formado. Hizo brotar de la tierra toda clase de árboles, hermosos a la vista y con frutos buenos para comer. En medio del jardín estaban el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal. De Edén salía un río que regaba el jardín y después se dividía en cuatro brazos.
Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara, y le dio esta orden:
—Puedes comer del fruto de todos los árboles del jardín. Pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comas, porque el día que comas de él, morirás.
Después Dios dijo:
—No es bueno que el hombre esté solo. Le voy a hacer una compañera que lo ayude.
De la tierra formó Dios a todos los animales del campo y a todas las aves del cielo, y se los llevó al hombre para ver qué nombre les ponía. Cada uno se quedó con el nombre que el hombre le puso. Así Adán nombró al ganado, a las aves y a las fieras del campo, pero entre todos ellos no encontró una compañera que lo ayudara.

Así que Dios hizo caer a Adán en un sueño profundo. Mientras dormía, le sacó una costilla y volvió a cerrar la carne. Con esa costilla formó una mujer y se la presentó.
Al verla, Adán dijo:
—¡Por fin! Esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Se llamará mujer, porque fue sacada del hombre.
Adán y su esposa estaban desnudos los dos, y no sentían vergüenza.
La serpiente era más astuta que todos los animales del campo que Dios había hecho. Un día le preguntó a la mujer:
—¿Así que Dios les prohibió comer de todos los árboles del jardín?
La mujer le contestó:
—Sí podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Pero del árbol que está en medio, Dios nos dijo: «No coman de su fruto, ni lo toquen, porque morirán».
—No morirán —dijo la serpiente—. Lo que pasa es que Dios sabe que el día que coman de él se les abrirán los ojos, y serán como dioses: conocerán el bien y el mal.
La mujer miró el árbol. Vio que el fruto era bueno para comer y hermoso a la vista, y se le antojó probarlo, porque pensó que la haría sabia. Tomó uno y se lo comió. Luego le dio también a su marido, y él comió.
En ese momento se les abrieron los ojos a los dos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos. Así que cosieron unas hojas de higuera y se hicieron delantales con ellas.
Cuando el día empezaba a refrescar, oyeron a Dios, que se paseaba por el jardín. Adán y su esposa se escondieron de él entre los árboles.

Dios llamó al hombre:
—¿Dónde estás?
—Te oí en el jardín —respondió Adán—, y tuve miedo porque estaba desnudo. Por eso me escondí.
—¿Quién te dijo que estabas desnudo? —le preguntó Dios—. ¿Comiste del árbol del que te prohibí comer?
—La mujer que me diste por compañera me dio fruto de ese árbol, y yo comí.
Dios le preguntó a la mujer:
—¿Qué hiciste?
—La serpiente me engañó, y comí —respondió ella.
Dios le dijo a la serpiente:
—Por haber hecho esto, serás maldita entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y la suya. Su descendencia te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el talón.
A la mujer le dijo:
—Tendrás muchos embarazos y muchos dolores; con dolor darás a luz a tus hijos. Buscarás a tu marido, y él mandará sobre ti.
Y al hombre le dijo:
—Porque le hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol del que te prohibí comer, la tierra será maldita por tu culpa. Con mucho trabajo sacarás de ella tu alimento todos los días de tu vida. Te dará espinos y cardos, y comerás la hierba del campo. Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste sacado. Polvo eres y al polvo volverás.
Adán le puso a su esposa el nombre de Eva, porque ella era la madre de todos los que viven.
Dios les hizo ropa de pieles a Adán y a Eva, y los vistió.
Luego Dios dijo:
—Ahora el hombre es como uno de nosotros, porque conoce el bien y el mal. No vaya a ser que estire la mano, tome también del fruto del árbol de la vida, lo coma y viva para siempre.

Por eso Dios sacó a Adán del jardín del Edén, para que trabajara la tierra de la que había sido sacado. Y al oriente del jardín puso querubines y una espada de fuego que giraba hacia todos lados, para guardar el camino hacia el árbol de la vida.
Adaptado por Talerie, fuente: Biblia Reina-Valera 1909 (se abre en una ventana nueva) Dominio público Copia este texto, adáptalo y úsalo como quieras. Un enlace a Talerie se agradece, pero no es obligatorio. CC0 1.0 (se abre en una ventana nueva)
