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Rayos dorados sobre un prado con un león, ovejas y gacelas; una ballena salta del mar entre peces, y entre flores un hombre y una mujer contemplan el valle.

La creación

La Biblia

5 min de lectura a partir de 3 años

Al principio la tierra no tiene forma, está vacía y la oscuridad cubre las aguas. Dios ordena que haya luz y la separa de la oscuridad: así nacen el día y la noche. Después, una tarde y una mañana tras otra, aparecen el cielo, los mares, el suelo seco cubierto de árboles con fruto, el sol y la luna.


En el principio creó Dios los cielos y la tierra.

La tierra no tenía forma y estaba vacía. La oscuridad cubría el abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas.

Entonces Dios dijo:

—Hágase la luz.

Y hubo luz. Vio Dios que la luz era buena, y la separó de la oscuridad. A la luz la llamó «día», y a la oscuridad la llamó «noche».

Un ancho haz de luz dorada cae desde lo alto sobre un mar oscuro y agitado; en las olas brillan destellos de oro y no hay tierra ni ser vivo alguno.

Pasó la tarde y llegó la mañana: ese fue el primer día.

Después dijo Dios:

—Que haya una bóveda en medio de las aguas, para separar unas aguas de otras.

Dios hizo la bóveda y separó las aguas que quedaron debajo de ella de las que quedaron encima. Y así fue. A la bóveda la llamó «cielo».

Pasó la tarde y llegó la mañana: ese fue el segundo día.

Luego dijo Dios:

—Que las aguas que están bajo el cielo se junten en un solo lugar, y que aparezca el suelo seco.

Y así fue. Al suelo seco Dios lo llamó «tierra», y a las aguas reunidas las llamó «mares». Y vio Dios que era bueno.

Entonces dijo:

—Que la tierra se cubra de verde: de hierbas que den semilla y de árboles que den fruto con su semilla dentro, cada uno según su especie.

Y así fue. La tierra se llenó de pasto, de plantas con semilla y de árboles cargados de fruta, cada uno con su semilla y según su especie. Y vio Dios que era bueno.

Pasó la tarde y llegó la mañana: ese fue el tercer día.

Después dijo Dios:

—Que haya luces en la bóveda del cielo para separar el día de la noche. Que sirvan de señales para marcar las estaciones, los días y los años, y que alumbren la tierra.

Y así fue. Dios hizo dos grandes luces: una luz grande, el sol, para gobernar el día, y una luz pequeña, la luna, para gobernar la noche. Hizo también las estrellas.

Puso el sol, la luna y las estrellas en la bóveda del cielo para que alumbraran la tierra, para que gobernaran el día y la noche y para que separaran la luz de la oscuridad. Y vio Dios que era bueno.

El sol se hunde en el mar a un lado del cielo y al otro brillan la luna creciente y las estrellas, sobre colinas verdes con higueras, granados y flores.

Pasó la tarde y llegó la mañana: ese fue el cuarto día.

Luego dijo Dios:

—Que las aguas se llenen de seres vivos, y que las aves vuelen sobre la tierra, a lo ancho del cielo.

Así creó Dios las grandes ballenas y todos los animales del mar que llenaron las aguas, cada uno según su especie, y todas las aves que tienen alas, cada una según su especie. Y vio Dios que era bueno.

Dios los bendijo y les dijo:

—Tengan muchas crías y multiplíquense. Llenen las aguas de los mares, y que las aves se multipliquen en la tierra.

Pasó la tarde y llegó la mañana: ese fue el quinto día.

Después dijo Dios:

—Que la tierra produzca toda clase de animales: ganado, animales que se arrastran y animales salvajes, cada uno según su especie.

Y así fue. Dios hizo los animales salvajes, el ganado y todos los que se arrastran por el suelo, cada uno según su especie. Y vio Dios que era bueno.

Entonces dijo Dios:

—Hagamos al ser humano a nuestra imagen, a nuestra semejanza, y que mande sobre los peces del mar, las aves del cielo, el ganado, toda la tierra y todos los animales que se arrastran por el suelo.

Y creó Dios al ser humano a su imagen; a imagen de Dios lo creó: hombre y mujer los creó.

Un hombre y una mujer se miran, tapados hasta los hombros por arbustos en flor; cerca pasta una cierva junto a su cervatillo y en una rama hay dos palomas.

Dios los bendijo y les dijo:

—Tengan muchos hijos y multiplíquense. Llenen la tierra y gobiérnenla. Manden sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todos los animales que se mueven por la tierra.

Y añadió:

—Miren: les doy todas las plantas que dan semilla en toda la tierra, y todos los árboles que dan fruto con semilla. Ese será su alimento. Y a todos los animales de la tierra, a todas las aves del cielo y a todo lo que se arrastra por el suelo y tiene vida, les doy para comer las plantas verdes.

Y así fue. Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno.

Pasó la tarde y llegó la mañana: ese fue el sexto día.

Así quedaron terminados los cielos y la tierra, con todo lo que hay en ellos.

El séptimo día, Dios terminó la obra que había hecho, y ese día descansó de todo su trabajo. Bendijo el séptimo día y lo hizo santo, porque en él descansó de todo lo que había creado.

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Adaptado por Talerie, fuente: Biblia Reina-Valera 1909 (se abre en una ventana nueva) Dominio público