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Bajo la lluvia, Noé y su esposa, de la mano, suben al arca tras dos leones; detrás, sus hijos y las esposas de ellos con canastas, elefantes y jirafas.Original

El arca de Noé

La Biblia

11 min de lectura a partir de 5 años

Dios ve la tierra llena de violencia y le pide a Noé, un hombre justo, que construya un arca de madera. Le dice cómo hacerla, con tres pisos, una ventana y una puerta, y le avisa que va a mandar un diluvio sobre la tierra.


Cuando los hombres empezaron a ser muchos sobre la tierra y les nacieron hijas, los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas, y tomaron por esposas a las que quisieron.

Entonces Dios dijo:

—Mi espíritu no se quedará para siempre con el hombre, porque no es más que carne. Sus días serán ciento veinte años.

En aquellos días había gigantes en la tierra, y también los hubo después, cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y ellas les dieron hijos. Esos hijos fueron los valientes de los tiempos antiguos, hombres de gran fama.

Dios vio que la maldad de los hombres en la tierra era muy grande, y que todo lo que pensaban en su corazón era siempre malo. Se arrepintió de haber hecho al hombre, y le dolió en el corazón.

—Borraré de la faz de la tierra a los hombres que creé —dijo Dios—, y con ellos a las bestias, a los reptiles y a las aves del cielo, porque me arrepiento de haberlos hecho.

Pero a Noé, Dios lo miraba con buenos ojos.

Esta es la historia de Noé. Era un hombre justo, intachable entre la gente de su tiempo, y caminaba con Dios. Tenía tres hijos: Sem, Cam y Jafet.

Pero ante Dios la tierra estaba corrompida y llena de violencia. Dios la miró y vio cuánto se había corrompido, porque todos los seres vivos se habían desviado del buen camino.

Entonces Dios le dijo a Noé:

—He decidido acabar con todos los seres vivos, porque por su culpa la tierra está llena de violencia. Voy a destruirlos junto con la tierra. Hazte un arca de madera. Haz cuartos dentro de ella y cúbrela de brea por dentro y por fuera.

Luego le dio las medidas:

—Así la vas a hacer: trescientos codos de largo, cincuenta de ancho y treinta de alto. Hazle una ventana arriba, a un codo del techo, y ponle la puerta en un costado. Tendrá tres pisos: uno abajo, otro en medio y otro arriba.

Y siguió diciendo:

—Yo voy a mandar un diluvio sobre la tierra, para destruir bajo el cielo a todo ser que tenga aliento de vida. Todo lo que hay en la tierra morirá. Pero contigo haré un pacto: tú entrarás al arca con tus hijos, tu esposa y las esposas de tus hijos.

También le habló de los animales:

—De todo lo que vive meterás al arca dos de cada especie, macho y hembra, para que se salven contigo. De las aves, de las bestias y de todos los reptiles de la tierra, cada uno según su especie, vendrán a ti dos de cada clase para que sigan con vida. Junta también toda clase de alimentos y guárdalos: serán comida para ti y para ellos.

Noé lo hizo así. Hizo todo tal como Dios se lo había mandado.

Noé, de barba blanca y con bastón, señala a sus tres hijos junto al arca: uno clava un poste con un mazo, otro unta brea en una tabla y el más joven carga otra.

Más tarde, Dios le dijo:

—Entra al arca con toda tu familia, porque he visto que tú eres justo entre la gente de este tiempo. De todos los animales limpios toma de siete en siete, macho y hembra; de los que no son limpios, una pareja, macho y hembra. De las aves del cielo, también de siete en siete, macho y hembra, para que su especie siga viva sobre toda la tierra. Dentro de siete días haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches, y borraré de la faz de la tierra a todos los seres vivos que hice.

Y Noé hizo todo lo que Dios le mandó.

Noé tenía seiscientos años cuando el diluvio cayó sobre la tierra. Para salvarse de las aguas, entró al arca con sus hijos, su esposa y las esposas de sus hijos.

De los animales limpios y de los que no eran limpios, de las aves y de todo lo que se arrastra por el suelo, fueron llegando a Noé de dos en dos, macho y hembra, y entraron al arca, como Dios le había mandado.

Pasaron siete días, y las aguas del diluvio cayeron sobre la tierra.

Era el año seiscientos de la vida de Noé, el día diecisiete del segundo mes. Ese día reventaron todos los manantiales del fondo de la tierra y se abrieron las compuertas del cielo. Y llovió sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches.

Ese mismo día Noé entró al arca con sus hijos Sem, Cam y Jafet, con su esposa y con las tres esposas de sus hijos. Con ellos entraron toda clase de animales salvajes y de animales mansos, toda clase de reptiles que se arrastran por el suelo y toda clase de aves, todo lo que tiene alas.

De todos los seres que tenían aliento de vida llegaron a Noé de dos en dos, y entraron al arca. Los que entraron eran macho y hembra de cada especie, como Dios se lo había mandado a Noé. Y Dios cerró la puerta detrás de ellos.

El diluvio duró cuarenta días sobre la tierra. Las aguas crecieron y levantaron el arca, que se alzó sobre la tierra. Siguieron creciendo cada vez más, y el arca flotaba sobre ellas.

El arca, un enorme cajón de madera oscura con una abertura larga bajo el techo plano, flota sola en aguas grises bajo un aguacero, sin tierra a la vista.

Tanto subieron las aguas que cubrieron todos los montes altos que hay bajo el cielo. El agua llegó a quince codos por encima de las cumbres, y los montes quedaron cubiertos.

Murió todo ser que se movía sobre la tierra: las aves, el ganado, las bestias, todos los reptiles que se arrastran por el suelo y toda la gente. Murió todo lo que vivía en tierra firme, todo lo que tenía en la nariz el aliento de vida.

Así fue destruido todo ser vivo que había sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, los reptiles y las aves del cielo. Todos fueron borrados de la tierra. Solo quedaron Noé y los que estaban con él en el arca.

Y las aguas cubrieron la tierra durante ciento cincuenta días.

Entonces Dios se acordó de Noé y de todos los animales, mansos y salvajes, que estaban con él en el arca. Hizo soplar un viento sobre la tierra, y las aguas empezaron a bajar. Se cerraron los manantiales del fondo de la tierra y las compuertas del cielo, y dejó de llover.

Poco a poco, el agua se fue retirando de la tierra, y al cabo de los ciento cincuenta días había bajado mucho. El día diecisiete del séptimo mes, el arca se asentó sobre los montes de Ararat.

Las aguas siguieron bajando hasta el décimo mes, y el primer día de ese mes se vieron las cimas de los montes.

Cuarenta días después, Noé abrió la ventana que había hecho en el arca y soltó un cuervo. El ave salió y estuvo yendo y viniendo hasta que se secaron las aguas sobre la tierra.

Luego Noé soltó una paloma, para ver si las aguas se habían retirado de la tierra. Pero la paloma no encontró dónde apoyar las patas, porque el agua todavía cubría toda la tierra, y volvió al arca. Noé sacó la mano, la tomó y la metió otra vez al arca.

Esperó otros siete días y volvió a soltar la paloma. Al caer la tarde, la paloma regresó con una hoja de olivo recién arrancada en el pico. Así supo Noé que las aguas se habían retirado de la tierra.

Noé se asoma por la ventana del arca, varada en lo alto de un monte, y una paloma con una hoja de olivo en el pico se posa en su mano.

Esperó siete días más y soltó otra vez la paloma. Esta vez ya no volvió.

El primer día del primer mes del año seiscientos uno de la vida de Noé, las aguas ya se habían secado. Noé quitó la cubierta del arca, miró afuera y vio que el suelo estaba seco. El día veintisiete del segundo mes, la tierra quedó seca del todo.

Entonces Dios le dijo a Noé:

—Sal del arca con tu esposa, tus hijos y las esposas de tus hijos. Saca también a todos los animales que te acompañan, las aves, las bestias y todos los reptiles que se arrastran por el suelo, para que anden por la tierra, tengan crías y se multipliquen sobre ella.

Noé salió, y con él sus hijos, su esposa y las esposas de sus hijos. Todos los animales, todos los reptiles, todas las aves, todo lo que se mueve sobre la tierra, salieron del arca, cada uno con los de su especie.

Lo primero que hizo Noé fue construir un altar para Dios. Tomó de todos los animales limpios y de todas las aves limpias, y los quemó sobre el altar como ofrenda.

Dios olió aquel aroma agradable y dijo para sí: «Nunca más volveré a maldecir la tierra por culpa del hombre, aunque el hombre tenga el corazón inclinado al mal desde joven. Nunca más volveré a destruir a todos los seres vivos, como acabo de hacerlo. Mientras dure la tierra, no dejará de haber siembra y cosecha, frío y calor, verano e invierno, día y noche».

Después Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo:

—Tengan muchos hijos, multiplíquense y llenen la tierra. Todos los animales de la tierra, todas las aves del cielo, todo lo que se mueve por el suelo y todos los peces del mar les tendrán miedo y temblarán ante ustedes. Yo los pongo en sus manos.

—Todo lo que se mueve y tiene vida les servirá de alimento —siguió Dios—. Así como antes les di las plantas verdes, ahora les doy todo. Pero no coman carne que todavía tenga su vida, es decir, su sangre.

—Y yo pediré cuentas de la sangre de ustedes, de su vida —añadió—. Se las pediré a cualquier animal y se las pediré al hombre; a cada uno le pediré cuentas de la vida de su hermano. Al que derrame la sangre de un hombre, otro hombre le derramará la suya, porque Dios hizo al hombre a su imagen. Pero ustedes tengan muchos hijos y multiplíquense; llenen la tierra y crezcan en ella.

Luego Dios les habló a Noé y a sus hijos:

—Ahora hago mi pacto con ustedes y con sus descendientes, y con todos los seres vivos que están con ustedes: las aves, el ganado y todas las bestias, todos los que salieron del arca y todos los animales de la tierra. Este es mi pacto: nunca más morirán todos los seres vivos por las aguas de un diluvio, y nunca más habrá un diluvio que destruya la tierra.

Y añadió:

—Esta es la señal del pacto que hago con ustedes y con todos los seres vivos que los acompañan, para todas las generaciones que vendrán: pongo mi arcoíris en las nubes, y será la señal del pacto entre la tierra y yo.

Noé, su esposa y sus tres hijos rodean un altar de piedras con leña que humea, bajo un arcoíris; hay venados, leones, cigüeñas y ovejas, y el arca en un cerro.

—Cuando yo traiga nubes sobre la tierra y se vea el arcoíris entre ellas —continuó—, me acordaré de mi pacto con ustedes y con todos los seres vivos de toda especie, y las aguas nunca más se volverán un diluvio que acabe con toda vida. Cada vez que el arcoíris aparezca en las nubes, lo veré y me acordaré del pacto eterno entre Dios y todo ser vivo que hay sobre la tierra.

Y Dios le dijo a Noé:

—Esta es la señal del pacto que hice con todo ser vivo que hay sobre la tierra.

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Adaptado por Talerie, fuente: Biblia Reina-Valera 1909 (se abre en una ventana nueva) Dominio público

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Sobre esta historia bíblica

El arca de Noé es un relato de la Biblia, no un cuento popular. Está en los capítulos 6 a 9 del Génesis, el primer libro bíblico, que varias traducciones antiguas titulan «primer libro de Moisés». Las fuentes que leímos no dicen quién lo escribió ni cuándo. Para contarlo partimos de la Reina-Valera, revisión de 1909.

Lo contamos en un español actual, desde el capítulo 6 hasta el versículo 9:17. Donde la Reina-Valera pone «Jehová», «madera de Gopher» y «montes de Armenia», nosotros decimos Dios, madera y montes de Ararat. Puedes leer la versión «Más suave», más breve, o la «Original», que sigue los capítulos de cerca.

Lo que dice la Reina-Valera y lo que contamos nosotros

Reina-Valera 1909Nuestro relato
El nombre de DiosJehová y Diossiempre Dios
La maderamadera de Gophermadera, sin especificar
Los hijos de NoéSem, Châm y JaphetSem, Cam y Jafet
Dónde reposa el arca«sobre los montes de Armenia»sobre los montes de Ararat
La señal del pacto«Mi arco» en las nubesel arcoíris
Los gigantes«Había gigantes en la tierra»solo en la versión «Original»
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pongo mi arcoíris en las nubes
Génesis 9:13, Reina-Valera 1909: Mi arco pondré en las nubes, el cual será por señal de convenio entre mí y la tierra.

Cómo lo cuenta nuestro texto

La versión «Más suave» empieza cuando Dios ve la maldad de los hombres y termina con el arcoíris como señal del pacto. Conserva las medidas del arca, los cuarenta días y cuarenta noches de lluvia, los ciento cincuenta días en que el agua cubrió la tierra y la fecha en que el arca se posó, el día diecisiete del mes séptimo. Cuando el cuervo va y viene, añadimos que no le trajo a Noé ninguna noticia; esa frase no está en la Reina-Valera. Esta versión deja fuera a los hijos de Dios y a los gigantes del comienzo del capítulo 6, y también lo que Dios dice tras el diluvio sobre la carne y la sangre. La «Original» sí incluye esos pasajes.

La Biblia no da ningún año para el diluvio, solo la edad de Noé: tenía seiscientos años cuando llegó el diluvio. Tampoco nombra a su esposa ni a las esposas de sus hijos, y nosotros no les hemos puesto nombre. Conviene saber que también la versión «Más suave» dice con claridad, una sola vez, que murió todo lo que vivía en tierra firme y que solo quedaron con vida Noé y los que estaban con él en el arca.

Dónde termina y cuántos animales entraron en el arca

En la Biblia, el capítulo 9 sigue con la vida de Noé después del diluvio. Nuestro relato se detiene antes, en el versículo 17, cuando Dios le dice a Noé que el arcoíris es la señal del pacto con todo lo que vive sobre la tierra.

Noé no metió en el arca solo una pareja de cada animal. Dios le pide primero dos de cada especie, macho y hembra, pero luego, de los animales limpios y de las aves, le manda tomar «de siete en siete», y así lo cuentan también nuestras dos versiones. Fuera del cuervo y la paloma, no se nombra ninguna especie.

Fuentes

Textos de época

Cotejado con estas fuentes el 30 de octubre de 2026.

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